por @juanjo_ramos
Un buen resultado dispara la euforia. De repente los fichajes son buenos, el entrenador un fenómeno y el objetivo es el ascenso. Dos derrotas nos hacen dudar de todo. Sí, es fútbol. Pero conviene más buscar las causas para hallar soluciones. La forma de perder contra el Extremadura obliga a poner el foco en Aritz López Garai, buena persona y que apunta a buen entrenador, pero que no está encontrando la fórmula para que su equipo tenga el control de los partidos además de tener el balón. Que no es lo mismo.
A todos nos gusta la idea, pero la ejecución plantea dudas. El Tenerife está demasiado expuesto a accidentes, a errores en acciones aisladas, en contragolpes que echan por tierra su trabajo anterior. Un trabajo de 70 metros, que no de 100, porque en los últimos 30 el equipo se atasca. No genera ocasiones claras o no atina en el remate. Solo brilla con espacios y estos solo se producen ante determinados rivales o con el marcador a favor. El trabajo del técnico está, por tanto, sin cristalizar.
El plan ante el Extremadura pasaba por tener más presencia en el área y dejar las bandas para los laterales. El objetivo era liberarse de la presión rival, generando superioridades por dentro o con juego más directo. Sobre el papel, perfecto. Pero ni así generó muchas ocasiones claras. El gol, de hecho, llegó a balón parado.
Entramos de lleno en dos síntomas que viene repitiendo López Garai: errores en la elección del once y mala gestión de los cambios. Lo peor del primer apartado es la afección que produce en sus propios futbolistas, confusos ante un criterio al menos extraño. Así, ayer fue titular Naranjo tras cinco convocatorias fuera. Jugó los 90 minutos y tuvo las dos mejores ocasiones. Pero se le vio acelerado, errático por momentos. Con la ansiedad de saber que estaba ante su oportunidad. Hace 1 semana tenía “compañeros por delante”. Ayer ya no. Algo similar con Milla, titular tras dos inexplicables ausencias. Convendría que el míster se preguntara si esos descansos mejoran a sus futbolistas. Porque no lo parece. En otros casos (Nahuel) resulta excesivo el interés por meterle en el círculo titular. Todo a su tiempo.
En cuanto a la gestión de los cambios habría que distinguir entre leer bien situaciones de partido y aplicar correctamente soluciones a través de los hombres de banquillo. No parece, de momento, el fuerte del técnico blanquiazul. Este sábado, sin ir más lejos, no se entienden las salidas de Milla y Malbasic.
Dejo aparte la gestión de sus comparecencias de prensa porque valoro su transparencia, aunque discrepe en su lectura de la última derrota: Cuando hay un evidente problema futbolístico no se puede poner en el escaparate un problema mental.
Estamos ante un problema de experiencia, seguramente. Conviene en este punto no olvidar las cosas buenas: la idea de juego, la versión visitante del equipo y su transparencia. Conviene además no repetir errores de antaño y empezar a pedir cambios en el banquillo. Conviene tener PACIENCIA. Sí amig@s, paciencia. Con los jugadores que fallan y con el entrenador. Es culpa de ellos que el globo de la ilusión se haya desinflado, pero estamos a tiempo. Nos han enseñado que lo pueden hacer mejor. Hay que darle un margen de confianza a esta plantilla y a este técnico. Por una vez, hay que pedir soluciones y no cabezas.