Redacción Deporpress | El Tenerife repite vicios. Y no les encuentra remedio. El gol sigue siendo un quebradero de cabeza para la escuadra blanquiazul. Ni con el cambio de rumbo. Ni de estilo. Ni de entrenadores o directores deportivos. Falta ver a los últimos efectivos. Un mayor rodaje. Pero los tinerfeños vuelven a encadenar más de 180 minutos sin ver portería.
Los blanquiazules gozaron de balón y llegada. Innumerables aproximaciones a los dominios de Josep que no se remataban con la recompensa del gol. Una posesión que se quedaba a medio camino por la penalización en el remate. Pero el público del Heliodoro reconocía el esfuerzo de los suyos. Sensación de que en la primera mitad pudo haberse llevado una mínima renta a vestuarios. Pero a falta de ver más a los nuevos, el Tenerife cae en un constante Deja Vu. Sí mejoró drásticamente en defensa, más allá del resultadismo. Un equipo junto y ordenado. Funcionó el trivote, pero se vio penalizado en los costados y en el punto de remate.
La expulsión de Milla condicionó. Partido sobresaliente –uno más- del madrileño que se vio empañado por ese único lunar. Tuvo que replegarse el cuadro birria para defender la unidad. Las Palmas ya estaba creciendo, pero se desató más en ataque porque era su momento. Aunque no leyó bien el devenir en superioridad numérica. Otra vez, el espíritu mágico del Heliodoro junto al paso adelante de jugadores y grada salvó un punto que sabe bien como mal menor, con VAR mediante. No gusta empatar derbis, pero menos perderlos.