Ya estoy aquí. Acepto encantado, un año más, el reto que me proponen los amigos de Deporpress para intentar contar, durante las próximas 42 jornadas, lo que suceda en torno al Tenerife en la recién iniciada Liga de Segunda División.
Los comienzos no suelen ser fáciles. Siempre cuesta poner en marcha cualquier actividad. Sea la que sea. Desde un negocio a aterrizar en un nuevo trabajo. Desde jugar al fútbol a escribir un artículo. No resulta sencillo adaptarse y rendir desde el minuto 1. Hay demasiados cambios, imprevistos y, cómo no, errores que, a base de sentido común y el rodaje que da la cotidianidad, te enseñan a aprender de las experiencias que estás viviendo para hacer que las cosas funcionen de verdad.
De hecho, estas líneas estaban pensadas de otra manera. Habían venido a mi cabeza varias ideas durante los últimos días. Mientras conducía. En la ducha. Justo antes de irme a dormir. O incluso mientras paseaba al perro. Todas me parecían válidas. Pero ninguna acababa de convencerme.
Supongo que eso me sucede por pasarme de perfeccionista. Y ahora, mientras me despeño columna abajo intentando ordenar el caos que supone querer comunicar bien las cosas cuando llevas tiempo sin hacerlo, caigo en la cuenta de que este artículo se parece bien poco al que pensé mientras conducía. En la ducha. Justo antes de irme a dormir. O incluso mientras paseaba al perro.
Pero yo soy así. Los que me quieren, me aceptan como soy. Prefieren obviar mis numerosos defectos y se quedan con mi parte buena, esa que para mí sale a cuentagotas y para los que me rodean, afortunadamente, no tanto.
Con el Tenerife pasa un poco lo mismo. Se le quiere tal y como es. Porque lo sentimos como algo nuestro. Por eso ya hemos aprendido a perdonarle que iniciase el curso en Zaragoza cometiendo los mismos errores de las dos últimas temporadas. Un fallo individual de Alberto, que mide mal los tiempos en un salto, desnuda los defectos colectivos de una defensa mal posicionada para corregir el error de un compañero.
Todos sabíamos cómo acababa esa película. En gol del adversario y remando, otra vez contracorriente. El equipo que dirige López Garai había sido mejor que su rival en todo. Menos en no regalar en defensa y perdonar en ataque, justo los grandes lastres para los que nadie ha encontrado aún el remedio. Lo peor es que, tras ese golpe, el equipo no supo reaccionar.
También somos conscientes de que la solución está en camino. Este verano hemos visto cosas que extrañábamos. Hay un estilo propio. Se prioriza sacar el balón jugado desde atrás siempre y, además, se trata de hacerlo circular luego con más velocidad y sentido que en el pasado.
Es una apuesta vistosa. Y, como tal, tiene sus riesgos. Encontrará aliados y detractores. Pero, si el técnico es capaz de ajustarla correctamente y encontrar ese punto de equilibrio, tendremos algo a lo que aferrarnos. Estamos huérfanos de emociones y hay muchas ganas de sentir que se pelea por algo bonito. No sé si será esta temporada. O habrá que esperar a la próxima. Quizá incluso a la siguiente. Pero, esta vez, hay un estilo que está en desarrollo. Tengamos paciencia. Cuidémoslo entre todos.
Nuestra parte empieza este domingo, contra el Numancia. Estamos invitados a asistir a la puesta de largo de una idea. De un modelo. Y eso ya es más de lo que teníamos hasta ahora. Impidamos que este proyecto quede sepultado bajo las habituales toneladas de pesimismo y no lo destruyamos en octubre o enero. Firmemos una tregua porque, entre todos, será más fácil hacer que funcione este plan.