Redacción Deporpress | Iago Barro cuelga los guantes y se despide del fútbol sala tras ocho años dedicándose profesionalmente a este deporte. El que fuera portero del Uruguay Tenerife, donde saboreó la gloria con el ascenso a Primera División pero también conoció el infierno con la desaparición del club, mira al futuro y emprende un nuevo camino en su vida lejos de las canchas como jugador profesional.
Tras los dos últimos años militando en el Santiago Futsal y ante la falta de un “proyecto ilusionante”, el portero gallego de 30 años ha decidido sumergirse en el mundo laboral aprovechando sus estudios en CCAFYD. “Este verano tenía clara una cosa o bien aparecía una oferta que me llenase en el apartado deportivo que me compensase en lo económico o bien daba un giro a mi vida”, aseguró Barro, ya que no ha sido una etapa fácil para él puesto que el conjunto gallego mantiene una deuda monetaria con la plantilla, aunque ahora “tenemos el asesoramiento de la Asociación de Jugadores de Futbol Sala (AJFS) y estamos amparados por el convenio colectivo que se hace cargo de las posibles deudas”, afirmó comparando su situación actual con la que vivió en Tenerife.
Durante el año y medio que estuvo en la isla (julio 2013 – enero 2015), disfrutó del ascenso a Primera División donde “tocamos el cielo. Fueron momentos emocionantes en los que todo Tenerife se volcó con nosotros. No era un proyecto hecho para ascender, pero después de una temporada muy buena en la que poco a poco fuimos creyendo en que el ascenso era posible, le pusimos la guinda al pastel con el ascenso en el play off”, aseveró. Además destacó el apoyo de toda la afición pues “empezamos la temporada con 500 personas en las gradas y acabamos con 3.500. Logramos enganchar a toda una isla al fútbol sala”, aseveró. Sin embargo, todo el proyecto ilusionante que tenían por delante se truncó y “después de lograr el hito de devolver el fútbol sala tinerfeño a Primera División, me tocó vivir uno de los momentos más duros tanto a nivel personal como deportivo. Me sentía muy identificado con el proyecto y con la isla, la gente me había acogido de maravilla y me sentía muy querido, sin embargo, no era posible continuar en el club y me vi obligado a salir en diciembre. Fue un duro golpe a nivel deportivo y personal”, confesó.
Una carrera deportiva de ocho años como profesional donde ha tenido “el privilegio de poder trabajar en lo que considero mi hobbie y lo he disfrutado al máximo. Pero también soy consciente de que la carrera deportiva es corta y después aún queda mucha vida por delante, así que este podía ser un buen momento para replantearse las cosas”. De todo lo vivido, para él lo principal “son las amistades que hice gracias al fútbol sala. Me siento orgulloso de poder decir que tengo amigos por toda España e incluso algunas partes del extranjero gracias a este deporte. El cariño de la gente es impagable”. En el plano deportivo, lo tiene claro y “sin duda, me quedaría con el ascenso a Primera División con el Uruguay Tenerife. Lo vivido en el play off de ascenso quedará en mi memoria para siempre”.
De cara a su futuro, “está claro que estará ligado al deporte. Me encantan los niños y poder colaborar en su formación es algo que me apasiona y por esta vía ya tengo algunos proyectos en mente”. A corto plazo, “me gusta la idea de trabajar en entrenamiento personal, es en lo que me he especializado. Ahora se abre un nuevo panorama y estoy con ganas de afrontarlo”, concluyó uno de los deportistas más queridos del fútbol sala tinerfeño.