Por @juanjo_ramos
Me he tomado un descanso en el contacto con ustedes después de una temporada dura, de esas que castigan el alma blanquiazul. De nuevo, una decepción en forma de malos resultados. Los mismos errores en la gestión deportiva, idénticas soluciones (que luego no lo son) desde la cúpula. Otra vez ese entorno que se vuelve tóxico y pide cabezas a todas horas. Enciendes la radio y nada está bien, abres Twitter y encuentras una caza diaria de brujas. Así es ser del CD Tenerife, para lo bueno y para lo malo.
Ser de un equipo no ganador tiene estas cosas. Son más de 40 temporadas en Segunda, pero por alguna razón nos creemos en la obligación de estar en Primera. Lo hacemos en la peor época para ser exigentes, cuando la presión se cobra víctimas y la estabilidad se premia con el éxito. Así, están jugando contra el Barça y el Madrid equipos como el Leganés y el Éibar, lo han hecho recientemente el Huesca, el Girona o el Rayo y, sin embargo, se lamen las heridas en Segunda el Deportivo, el Málaga, Las Palmas, el Zaragoza o el Tenerife.
Ninguno de los tres recién descendidos consiguió recuperar la categoría este año. Los tres destituyeron a sus técnicos (los amarillos dos veces) y los tres volverán a intentarlo sin la ayuda que presta LaLiga, una inyección de millones que disfrutarán esta vez Rayo, Girona y Huesca. Pero nosotros, con dos campañas en Primera en las últimas dos décadas, volveremos a creernos en la obligación de estar por encima de ellos.
El guión está ya escrito. Uno empieza por quejarse de la campaña de abonos, la falta de creatividad, el spot y hasta los precios. Luego de la tardanza de los fichajes o el diseño de la pretemporada, los resultados en los amistosos, la ausencia de un jugador que marque diferencias, el número de abonados con el inicio de Liga cerca y hasta lo feas que son las equipaciones. Así se mantiene con vida esa negatividad tan birria de la que se alimentan los de siempre.
Todo a la espera de que un mal inicio de competición permita buscar nuevos culpables y volvamos al punto cero. En un bucle imposible de romper. Sólo Martí y sus chicos lograron en la 16/17 quebrar esa dinámica. Lo hicieron, sin el respaldo social hasta que se metieron en zona de play off allá por el mes de enero, a base de ganar. Y es eso, las victorias, lo único que apacigua la ganas de sangre, silencia los intereses particulares y convierte a cualquier club en ese caballo ganador al que todos quieren subirse.
Entonces, en 2017, no fue Pérez Borrego. No se engañen. El hombre solo se subió al caballo ganador que crearon los (entonces sí acertados) fichajes de Serrano, la dirección de Martí y el rendimiento de la plantilla. Como todos nosotros. Por eso, porque entonces y ahora estaban Miguel Concepción y su guardia pretoriana al frente, sólo nos queda confiar en los fichajes de Moreno, la dirección de López Garai y el rendimiento de la plantilla. O funciona todo como hace tres años o seguiremos en el bucle. Lo demás es mentira.