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Un banquillo inestable

Redacción Deporpress | Tres entrenadores: Joseba Etxeberria, José Luis Oltra y Luis César Sampedro. El CD Tenerife no tenía una nómina tan alta de técnicos en una misma temporada natural desde su fiasco en Segunda B: la 2011/2012. En aquel año de no ascenso, Antonio Calderón (1-21), Andrés García Tébar (22-33) y Quique Medina (34-38 + playoffs) se pusieron a los mandos del representativo tinerfeño. Una cifra solo superada por el terrible año del descenso a los infiernos en el 2010/11: Gonzalo Arconada, Alfredo Merino, Juan Carlos Mandiá, Antonio Tapia y David Amaral.

El barco fue a la deriva nada más iniciar su travesía: jornada 5. La derrota en casa ante el Reus (0-1) se cobraba la primera víctima: Joseba. Una destitución motivada por las prisas, donde el equipo no estaba respondiendo a las expectativas, pero cuya decisión se vio con perspectiva cortoplacista ante un entrenador que se había ganado el crédito en la 17/18 tras la salida de José Luis Martí por malos resultados, pero que asimismo no contaba con las mismas piezas de calidad que el año de su debut.

Se le entregó el testigo a un viejo conocido: José Luis Oltra. Un reto exigente para el técnico valenciano, quien vivió una de sus mejores etapas en la Isla. Las comparaciones siempre son odiosas. Y, quizás de forma injusta por cuestión de dinámicas y efectivos, este Tenerife no podría acercarse nunca a aquella antigua guardia que devolvió a la Isla a la élite del fútbol español. Pero tampoco fue la solución. Ni encontró la receta de tan repetida frase durante su estancia: dar con la tecla. Un equipo que a su vez no casaba con su idea, configurada más hacia la vertiente del técnico vasco: más vertical y menos horizontal. Y sin efectivos que podrían haber sido importantes en los esquemas del valenciano: Juan Carlos Real como máximo exponente. Nueve meses en el banquillo hasta su cese tras el partido de Granada, donde el empuje de los suyos lo habían salvado de la destitución semanas atrás, apoyada más en el resultadismo que en la confianza real por parte de la cúpula directiva y deportiva. Entremedio, pareció perder el rumbo, con alineaciones inexplicables o el paso de jugadores como Héctor Hernández, quien estaba dando un gran rendimiento, hacia el ostracismo.

El Tenerife se quemaba. Muy peligrosamente. Los fantasmas del descenso tocaban a la puerta blanquiazul. Pero la entidad se negaba a abrirla. Cuatro partidos donde el representativo se jugaba la vida. Luis César Sampedro aterrizó cual bombero a apagar el fuego. Su carta de presentación fue nefasta: goleada en el Martínez Valero ante el Elche (3-0). Aún así, el comandante gallego apeló a la cordura en sus alineaciones. Jugaron quienes, según la mayoría, tenían que sacar esto adelante. Y así fue. Como tenía previsto, ‘San Pedro’ salvó la nefasta temporada, junto a los jugadores. Su cordura entre tanta locura e improvisación fue suficiente para cumplir con los deberes antes del plazo de entrega: 9 de junio. Como bien resumió: se marcha con la sensación del deber cumplido.