Redacción Deporpress | El Tenerife ha perdido progresivamente una de sus principales armas desde su regreso al fútbol profesional: la defensa. Una de las identidades que se forjaron con el mandato desde los banquillos de Álvaro Cervera. Y que recuperó un gran momento con el casi ascenso de Martí, donde la pareja Jorge-Germán aportó solidez para certificarse en la línea de centrales, contribuyendo a ser la tercera menos goleada de aquel curso 2016/2017 (36 dianas encajadas, solo por detrás de Reus y Levante). Una virtud que ha quedado en el olvido.
Si bien el principal déficit ha estado en el juego de ataque, el trabajo en defensa no ha mostrado una excesiva seguridad. Solo en 10 de las 41 jornadas de liga –excluyendo partido del Reus-, el conjunto blanquiazul dejó su portería a cero (21,9% de las ocasiones). Séptimo equipo más goleado (50) junto a Las Palmas y Numancia.
Quien recuperó su mejor versión fue Jorge Sáenz. El canterano tinerfeño asumió los galones desde la tercera jornada para confirmarse como jefe de la zaga hasta el final. Con tres entrenadores diferentes. Bajo el mandato de Oltra, llegó su consolidación definitiva en la retaguardia, completando una notable regularidad durante todo el campeonato. Buenas actuaciones que le han valido convocatorias con la Sub-21 y su traspaso a la Primera División: el Valencia. Una pérdida sensible dentro del patrimonio blanquiazul.
Pero la pareja de baile de Jorge se ha tambaleado durante gran parte del año, más en cuestión de dibujo que de actores principales. La utilización del 5-3-2, tanto por parte de Etxeberria como de Oltra, trastocó la línea habitual del 4-4-2 que fue abandonada durante un tiempo, o bien compaginada hasta que el técnico valenciano desistió de su idea dentro de un engranaje posicional donde los blanquiazules se notaban incómodos. Fue entonces cuando definitivamente Alberto dio un paso adelante. Un futbolista solvente y con planta, pero cuyo exceso de confianza ha jugado negativamente en ocasiones, especialmente a través de jugadas donde los errores eran más propios de infantiles que de futbolistas profesionales, evitando de esta manera que se convierta en una pieza mucho más rentable.
Una de las víctimas en esa pérdida de trivote defensivo fue Carlos Ruiz. El central granadino fue perdiendo protagonismo, actuando como tercer central que salía como solución a una baja de las dos primeras opciones, o bien como refresco en forma de revulsivo. Uno de los capitanes blanquiazules que probablemente haya merecido más minutos, no solo por su veteranía sino también por su carácter, liderazgo y fortaleza en el juego aéreo sobre el césped. El derbi canario lo cambió todo para él, como así reconocía en la rueda de prensa de su renovación. El detonante que inició el camino para su continuidad en la plantilla. En el momento de más dudas, dio un paso adelante para sacar a flote a un Tenerife que se ahogaba entre el calor asfixiante que procedía del infierno de la Segunda B.
Los papeles testimoniales vinieron de Argentina. Lucas Aveldaño perdió su hueco a partir de la tercera jornada. Solo cinco comparecencias en la primera vuelta que le invitaron a buscarse una salida. Su sustituto invernal tampoco fue una solución a los problemas. Mauro Dos Santos llegó fuera de forma, lesión mediante. El futbolista procedente del Leganés nunca ha terminado de imponerse como central titular en la zaga blanquiazul. La posibilidad de empezar de cero, con pretemporada, puede convertirse en su medida de salvación para convencer a Víctor Moreno y el nuevo técnico, aún por decidir.