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Heliodoro

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife está apenas a un paso de despeñarse hacia el abismo de la Segunda División B. Colisionó con estrépito en Elche, donde encajó una sonrojante goleada (3-0) ante un adversario que, pese a estar salvado, jugó como si tuviese más cosas que ganar que los blanquiazules.

Lo realmente triste, aunque también lo sea, no es haber vuelto a perder fuera de casa. Por desgracia, es la norma de este curso. Lo que sonroja y pone a la afición al límite de su paciencia es que haya jugadores que, en el campo, aparenten que no son conscientes de lo que hay en juego. Y que, hasta con un nuevo inquilino en el banquillo, sigan demostrando que sus rivales los superan en factores tan innegociables y básicos para ganar en cualquier deporte como atención, intensidad o agresividad.

Me fastidia enormemente tener razón y comprobar que, por enésima vez esta temporada, hubiese muy pocos futbolistas con la camiseta del Tenerife de los que se pueda decir que disputaron una acción determinada del choque como si fuese la última del partido.

Por eso, pese a la cascada de palabras y buenas intenciones expresada durante esta semana para intentar propiciar el mejor ambiente posible en el estadio este domingo contra el Oviedo, sigo siendo escéptico. Me siento como el perro de Pávlov. Me han condicionado a que oír el sonido del pitido inicial suponga estar por debajo en el marcador en una inmensa mayoría de las ocasiones y, con esa perspectiva, es complicado ser optimista en cualquier aspecto.

Pero el domingo, juegue quien juegue y se siente el que se siente en el banquillo o el palco, acudiré a mi butaca. Y espero que esta intención la tengan también todos los abonados del club y todos aquellos que, sin serlo por la razón que sea, aman este escudo y estos colores tanto o más que yo.

Créanme que entiendo el hartazgo generalizado en el entorno blanquiazul. El cabreo permanente y hasta los reproches, más que justificados, hacia los protagonistas de una temporada insuficiente. Sobre todo porque, si sucede lo peor, casi ninguno estará aquí la próxima temporada. Harán la maleta, salvo honrosas excepciones, y se irán con viento fresco.

Pero tampoco conviene olvidar que ellos, fundamentalmente los futbolistas de los que tanto nos acordamos ahora, también son los únicos que aún pueden revertir esta situación y hacer posible la permanencia. Por eso, ante el Oviedo, deben sentirse respaldados desde que salgan del hotel y hasta el final del partido.

Invito a todos los que lean estas líneas a acudir al campo, a animar como nunca para ahuyentar la posibilidad de ese descenso a Segunda B que, cada jornada, parece más cercano. Ayudemos, juntos, a cambiar esta dinámica que nos sitúa como víctimas propiciatorias. Y recuerden, sobre todo, que siempre es mejor tomar el Sol en la playa un domingo por la mañana que hacerlo, cada 15 días y de manera obligatoria, en el Heliodoro.