Por @AleixValero
Leía nada más acabar el debate entre los cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno de España un hilo en una red social de un amigo con las respuestas a su pregunta sobre quién les había parecido que estaba mejor.
Y las tres primeras respuestas fueron para tres candidatos diferentes, lo que hace pensar que en esto, como en otras cuestiones, todo depende del cristal con el que se mire. Que no llueve siempre a gusto de todos, que nuestra visión de las cosas es tan subjetiva como partidaria y que depende de muchísimos factores: cómo hayamos sido educados, familia, entorno, experiencias propias, etc…
Viene al caso en el que también es semana de buscar culpable so repartir culpas de la situación del CD Tenerife tras la debacle contra el Almería, y que pone otra vez a tiro de descenso al equipo, justo ahora que hay que ir a Extremadura y después afrontar un derbi canario que podría ser dramática, vete a saber para qué equipo más.
Que si Oltra, que si los jugadores, que si Miguel Concepción, que si Víctor Moreno, que si Alfonso Serrano (¡cómo no!), que si Nacho Abad, Juan Amador o Javier Armas… Yo lo que tengo claro es que siempre el máximo responsable en una empresa/sociedad es quien la dirige, y ya sea por acción o por omisión, más por esto último, hay que apuntar bien alto.
Está claro que el presidente se ha escondido hasta este momento, aunque deberá aparecer a la ‘vida pública’ en la semana previa al derbi digo yo, para valorar lo que está sucediendo con el equipo y especialmente la situación de un entrenador del que ha repetido que acabará la temporada.
En estos casos el silencio es su peor enemigo, puesto que si en un par de ocasiones ha lanzado un mensaje de apoyo a Oltra durante la temporada, la callada invita a pensar que ya no es así, que el técnico ha agotado todo su crédito y que no tiene un respaldo que le hubiera venido bien para descargarle presión mediática al propio Oltra, páginas y páginas, minutos y minutos en prensa, radio y televisión especulando sobre su futuro, haciendo más denso el ambiente de trabajo, justo cuando más liberado tiene que sentirse.
Equipo y entrenador necesitan quitarse piedras de la mochila, destensarse (no confundir con relajarse) y sentir de verdad que esa unión de la que se presume de puertas para fuera existe y que cuentan con el respaldo del mandamás. Cada día que ha pasado y pasará sin que el máximo responsable salga a la luz pública y entone el mea culpa, que les quite esas piedras y se las cargue él mismo, es un día perdido.