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Hartazgo

Cristo Donate | «Sensación de cansancio o aburrimiento que se produce al realizar una persona la misma actividad de manera repetitiva o excesiva». Esa es la definición de hartazgo. O de ser aficionado del C.D Tenerife.

Una vez más, y van muchas durante la temporada 18/19, el equipo blanquiazul volvió a demostrar que no aprende de sus errores, que no progresa, que no mejora. Una vez más los errores defensivos, la segunda jugada, el descontrol, la falta de ideas… y esta vez no, no llegó la épica, ni siquiera se asomó por el Heliodoro.

Llegaba el Tenerife con las buenas sensaciones de haber ganado su primer partido fuera de casa, pero en cinco minutos volvió a la realidad. Una salida de Jorge, la espalda de Luis Pérez y la cobertura de Racic que no llegó para que Alvaro Giménez colocara al Tenerife al borde del abismo.

Parecía lo de siempre, pero no. Esta vez los de Oltra no tuvieron la capacidad de dominar a su rival en ningún momento. Simplemente no pudieron ante un equipo organizado, con las ideas claras y con un plan de juego definido para hacer daño al rival. Todo lo que no es el Tenerife.

El segundo tanto fue otra concatenación de errores, un habitual en los goles en contra. Una falta no pitada al borde del área rival que acaba en penalti en contra unos segundos después con un solo pase del rival. Salió muy lejos Mauro, no robó y dejó un abismo a su espalda para que Juan Carlos se plantase solo ante Dani Hernández. Otro error defensivo grosero.

Remató Mauro su desastre personal con una pérdida en el centro del campo que desencadenó el tercero de los visitantes. La que había sido la mejor noticia de las últimas semanas también fallaba estrepitosamente. El Tenerife se quedó sin argumentos.

Y la traca final llegó con una amarilla a Suso por protestar un saque de banda que le impedirá estar en la final ante el Extremadura. «Parecía que se estaban jugando la vida ellos, no nosotros», decía Milla al acabar el encuentro, y no se me ocurre una acción que lo explique mejor que la tarjeta al capitán.