Redacción Deporpress | Los fantasmas pasados regresaron al Heliodoro. Esta vez con final triste. El Tenerife regresó a sus malos vicios. A los problemas que han sido grandes culpables del mal curso de los blanquiazules. Y esta vez la épica no pudo salvar el descalabro. Ni siquiera frente a un castigo que pudo ser excesivo por la propuesta de ambos sobre el verde en el recinto capitalino.
Los de Oltra arrancaron con soltura. Con confianza, manejando bien el balón y dominando al Sporting. El equipo combinaba bajo la batuta de Milla y Racic, con un Lasso como factor diferencial buscando el pase entre líneas. El mediapunta procedente de la cantera hispalense buscaba romper el cerrojo con su privilegiada visión de juego. Incluso, estuvo cerca de estrenarse, pero su colocado disparo se encontró con la meritoria respuesta de un Mariño que confirmó ser uno de los mejores porteros de la categoría: respuesta gatuna y seguridad bajo palos.
Pero otra vez, llegó el máximo castigo convertida en gol. Cada contrincante saca las costuras de una forma que sonroja a la parroquia blanquiazul. Esta vez fue el balón parado. Y, dicho sea de paso, vía ilegalidad. Djurdjevic se disfrazaba de Maradona para aprovecharse de la inmovilidad de la zaga tinerfeña para anticiparse a su marca y rematar con el antebrazo, libre de oposición, al fondo de la red.
Otra vez a remolque. El bloque comandado por José Alberto López concedía poco. Solo un inspirado Filip Malbasic parecía hacer cosquillas a la zaga asturiana. Mientras, el resto del equipo parecía inoperante y con falta de respuestas ante la escasez de recursos. Aún así, no se perdió la cara. Fue cerrando el Tenerife a los rojiblancos en su área en la segunda mitad. Sin embargo, no parecían excesivamente incómodos en este rol. Oltra tampoco encontró la receta en los cambios. Suso estuvo cerca, pero su remate se iba al lateral de la red. Mientras, la escuadra gijonesa pondría en aprietos al contragolpe. La falta de acierto evitó un 0-2 que estuvo cerca en varias ocasiones.
Un plan de partido en clave blanquiazul que no difirió mucho de lo visto en otras ocasiones. Solo que, esta vez, la épica no hizo acto de presencia. El empuje definitivo fue irregular e improvisado, con una acumulación de jugadores ofensivos que se buscaban a sí mismos en su rol dentro del área. Y es que, cuando juegas con fuego, te quemas. Y la falta de gol volvió a la actualidad tinerfeñista. Una sensación de Déjá vu que se repite una y otra vez.