Por @juanjo_ramos
Les voy a contar una historia de personas y voleibol. En enero del año 2000, Juan Carlos Castañeda me dice que tengo que viajar a Benidorm con el CV Tenerife Marichal. El narrador habitual en Radio MyD no podía y me eligió para un viaje que tendría continuidad en Praga cuatro días más tarde. Cumplí aquel sábado y conté desde la República Checa el primer partido en la Champions al miércoles siguiente. “Dale caña ahora que está escuchando el jefe”, me dijo el técnico aquella tarde por línea interna (gracias David).
Como quedaron satisfechos con el asunto, empecé a viajar de forma estable con el equipo. Y escribo “quedaron” porque importancia tuvo también la opinión de Quico Cabrera. El que luego sería mi amigo, casi un segundo padre por todo lo que me enseñó, me brindó la oportunidad de conocer un deporte maravilloso, de aprender con entrenadores espectaculares y de convivir con jugadoras tan profesionales como buenas personas.
Tengo anécdotas en siete temporadas de viajes para escribir uno o varios libros. Y tengo memoria. Nunca me olvidaré de Anton Kinder. En las competiciones europeas, cada equipo local ponía a disposición del visitante una especie de guía que, como mínimo, debía manejarse bien en inglés. Aquel buen hombre no hablaba ni papa del idioma de Shakespeare.
El caso es que hoy se cumplen 15 años de la mayor gesta deportiva de un equipo canario en la historia: el título de la máxima competición continental conquistado por el CV Tenerife en un abarrotado Santiago Martín de La Laguna. Recuerdo las lágrimas de Quico, el punto final de la también desaparecida Ingrid Visser, el estallido de alegría en la cancha y en las gradas, casi cada palabra de mi narración del último punto, la entrada de Zeben Díaz y Beatriz Palmero (mis inalámbricos ese día) a continuación y un sinfín de imágenes y sonidos de un día histórico.
Podría lamentar aquí que nuestros políticos dejaran morir aquel gran club y le fallaran a la memoria de Quico Cabrera. Pero el artículo adquiriría un tinte crítico que no era el objetivo inicial. En su conciencia queda aquella traición.
Yo prefiero agradecer, en este aniversario, todo lo que un amigo me brindó en lo personal y nos dio a todos con su equipo. Quico era capaz de cuidarte preocupándose por si te tomabas aquel intragable consomé de beterrada en Pila (Polonia), de salir a comprar un cable de 150 metros que te hacía falta para transmitir por las calles de Estambul (Turquía), colarte en un technical meeting “para que veas cómo es por dentro” o celebrar a ritmo de vodka en las entrañas del estadio Luzhniki en Moscú (Rusia) la clasificación para una nueva final four.
Quico fue el que llenó el Santiago Martín contra el Uralochka (¡Se quedaron fuera casi 700 personas y tuvo que venir la Policía Local a poner orden!), el que rompió barreras con el fútbol (el Tenerife llegó a cambiar partidos para evitar coincidir con el Marichal), el que eliminó el techo de cristal del deporte femenino en la Isla, el que se peleó con la Federación Internacional para traer a Magaly Carvajal o Elena Godina, aquel al que las mejores jugadoras del mundo le pedían que las trajera a Tenerife… Quico era un señor. Y un amigo. Y hoy, 15 años después de su mayor gesta, sigo sin tener palabras suficientes para honrarle como se merece.