Por @AleixValero
La última vez que dos delanteros del CD Tenerife marcaron en un mismo partido fue precisamente ante el Alcorcón, el siguiente rival de los de José Luis Oltra.
Hace ya una vuelta de campeonato que la sequía de los atacantes está condenando una temporada par olvidar cuanto antes…pero que aún puede traer consecuencias desastrosas y que no nos permiten pensar en la siguiente.
En lo que va de 2019 solo Malbasic ha visto portería entre los delanteros centros con los que cuenta la plantilla, y fue allá por el 4 de enero, el primer partido del año. Pero claro, fichar a un delantero de garantías (más allá de Coniglio) no era una prioridad, y sí traer a un tercer lateral izquierdo (que todavía no ha jugado en el puesto para el que fue fichado) y un central que no juega ni cuando falla un titular, teniendo por delante a Carlos Ruiz, que el domingo demostró que todavía puede dar guerra; como no espabile Alberto… de Mauro Dos Santos seguimos sin noticias.
Con un Racic completando su peor partido desde que llegó y Borja Lasso diluyéndose como el azucarillo perdido en una media punta a la que no le llegan balones, los motivos para estar satisfechos son más bien escasos, por no decir que nulos. Parece que el partido que se marcó el ‘nuevo Tenerife’ contra el Nástic fue un espejismo, un oasis en el desierto.
El cóctel no acaba aquí. Hemos pasado en el entorno blanquiazul de pedir la renovación de Oltra cuando apenas se estaba bajando del avión al llegar, a cuestionar ya no solo que siga la próxima temporada, sino a destituirle para evitar que el equipo caiga en picado. Pasamos del blanco al negro, de héroes a villanos, en un abrir y cerrar de ojos, y si no que se lo pregunten a Dani Hernández.
Pero esta columna no es ni mucho menos una queja sobre ese entorno, los que pululamos u orbitamos alrededor del equipo; es una plegaria para que los jugadores, principales responsables de los éxitos y los fracasos siempre, cuerpo técnico y dirigentes, se pongan las pilas y terminen lo más decentemente una temporada que por momentos está rozando el ridículo. Como decimos por aquí, escapemos locos.