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Como nosotros

Por @juanjo_ramos

Los jugadores de fútbol son unos privilegiados. Hacen lo que les gusta, trabajan pocas horas y cobran mucho dinero. Todas estas cosas están comúnmente aceptadas y yo creo que son ciertas. Eso no implica que su vida sea aceptablemente sacrificada en algunos aspectos: deben cuidarse, no cometer excesos, dar ejemplo y aceptar una popularidad que, depende del momento, puede llegar a ser molesta. También creo que todo esto queda compensado con lo anterior.

Pero no nos engañemos. A los futbolistas no se les paga por convertirse en sacos de boxeo y callar ante las faltas de respeto. Sí deben hacerlo ante las críticas o las informaciones contrastadas, pero no cuando se traspasan determinadas barreras. Olvidamos con frecuencia que son ellos los primeros que quieren ganar cada partido y que sufren cuando su rendimiento no es el adecuado. Siempre habrá excepciones, jugadores que hayan obviado la profesionalidad. Pero ni son mayoría ni pueden hablar por ella.

Olvidamos también que ese que lleva el 3, el 8, el 10 o el 25 a la espalda luego pasea por la calle, hace la compra y tiene familia. Esto último es lo más doloroso. Porque sufren cuando se señala a los suyos. Seguro que lo hacen hasta cuando las críticas son justas. Imagínense cuando hay ensañamiento y burla.

Olvidamos también que la vida nos pinta la cara con ejemplos muy contundentes. Miren el de Héctor Hernández, que ha pasado de inservible a indiscutible. De ponerlo a parir a ponerlo como ejemplo. Lo vemos y no aprendemos. Por eso, seguimos señalando a otros: José Naranjo, Dani Hernández

El problema es que no sabemos medir. ¿Alguien puede defender que Dani no se ha equivocado en los tres últimos partidos? ¿Acaso no ha fallado en la falta del Córdoba, el 1-0 del Cádiz y el resbalón del otro día? Claro que ha cometido esos errores. Claro que ha perjudicado a su equipo. Él es el primero que lo sabe. ¿Pero es necesario reírnos de él? ¿Humillarlo? ¿Dónde están los límites?

Tampoco se puede defender el rendimiento de Naranjo. Esperábamos un jugador diferencial, un goleador desde segunda línea… y tenemos a un chico superado por la situación, con solo cuatro tantos en su haber. ¿Qué hacemos? Lo primero, decir que no está bien. Incluso, que debe mejorar. ¿Lo machacamos? ¿Intentamos cruzarnos con él para intimidarlo?

En todo esto tiene un papel la prensa. Hay que pisar el freno, restar tensión y encajar (¿por qué no?) la crítica cuando llega desde el otro lado. Igual así colaboraremos en que también la afición entienda que tiene derecho a hacer crítica, pero no a faltar al respeto. Como nosotros.