Por @AleixValero
Tan inesperado como grotesco fue el tropiezo del sábado contra el Córdoba. El CD Tenerife nos chafó la ilusión en apenas 90 minutos, esa que tantos meses le llevó recuperar a toda su afición. Tiró por la borda una serie de una sola derrota en los ocho partidos anteriores ofreciendo la imagen más pobre del curso contra el que era peor visitante hasta la fecha, ‘honor’ que recaer por deméritos propios en los de José Luis Oltra ahora.
La efervescencia de los refuerzos del mercado de invierno, la sensación de haber dado la vuelta al calcetín de la plantilla en poco más de dos meses de Víctor Moreno da paso de nuevo a la decepción y, con poco menos de la mitad de la temporada todavía por jugar, replantear ya por no sé cuántas veces el objetivo marcado al principio: 50 puntos y poco más, a pensar en otra cosa. Y eso que este año la permanencia parece más barata que nunca, de saldo con solo tres plazas ‘disponibles’.
Es inconcebible que con todo a favor ahora los jugadores se dejaran ir de la manera que lo hicieron el sábado. Me niego a creer que el Córdoba tenga ni mejor plantilla, ni mejor entrenador, ni más necesidad, ni más ganas de puntuar que un Tenerife que tuteó a Málaga y Dépor mirándoles a la cara pudiendo incluso haber hecho pleno contra dos candidatos al ascenso por la vía rápida.
Ni Moreno, ni Serrano antes, ni Oltra, ni Etxeberria también antes, el fútbol es de los futbolistas. Ocurren muchas cosas durante una pretemporada y post temporada, cuando es el momento de armar un equipo. Pero tampoco es excusa. Los que están siempre lo dicen, los que estuvieron antes también: Este grupo humano es fantástico, una familia, una piña, bla, bla, bla… Parece que el equipo lo tiene todo, pero le falta lo más importante: fútbol. Aquí quienes ganan y pierden son los futbolistas, los demás son y somos actores secundarios, el envoltorio del caramelo, por muy bonito que sea este si lo que saboreas no te gusta lo acabas escupiendo.
Lamentablemente parece que lo de las semanas previas a este sábado pasado fue un espejismo, una ilusión efímera que nos hizo olvidar por unas fechas lo triste que es este equipo esta temporada. Y ahora toca lidiar de nuevo con la versión visitante, para echarse a llorar. 16 viajes seguidos sin ganar. Desde el trallazo soberbio de Bryan Acosta a Osasuna a principios de abril pasado. Toca semana de “dar un golpe sobre la mesa”, “es una buena oportunidad de revertir la situación”, “ha sido una semana buena de entrenamientos”, “hay que seguir en esta línea de trabajo” …de nuevo bla, bla, bla. Yo lo que estoy esperando es a que el árbitro pite el comienzo de partido y ver si lo que saboreo me gusta, o lo boto al suelo.