Por @Chusdeleon
No pude resistirme a hacer un pequeño ejercicio de búsqueda tras las lamentables imágenes del Valencia-Getafe de la Copa del Rey del otro día. Casualmente, uno de los equipos implicados está entrenado por José Bordalás, posiblemente una de las personas que más daño le haya hecho al fútbol de este país en la última década. Haciendo un pequeño repaso por su “inmaculada” trayectoria y sus datos, nos encontramos que en la temporada 2010-2011 el preparador alicantino dirigió al Elche en Segunda y terminó liderando la clasificación de tarjetas amarillas y rojas con 186 y 16, respectivamente. En la siguiente temporada repitió la “proeza” en cuanto a las amarillas, siendo el equipo más sancionado con 162 amarillas, mientras que las 16 rojas le sirvieron para ser segundo en esa “honorable” clasificación.
Bordalás recaló en el Alcorcón en la campaña 12-13, donde le imprimió su sello al conjunto alfarero. Eso le sirvió para volver a ser el primer equipo en cuanto a amonestaciones, con 159 amarillas. En cuanto a las rojas, consiguió que solo le mostraran 7, acabando en la duodécima plaza. Tras un breve descanso, a mediados de la campaña 13-14, volvió al banquillo madrileño, desde donde consiguió nuevamente el primer puesto en amarillas y rojas al término de la temporada: 139 y 11. Suma y sigue. En la temporada 14-15, Bordalás tuvo el honor de dirigir desde el banquillo, otra vez, al equipo más tarjeteado. Las 171 amarillas le sirvieron para conseguir otro título, mientras que las 9 rojas que vieron los futbolistas del Alcorcón lo colocaron en la segunda posición.
El técnico emprendió rumbo a Vitoria en la temporada 15-16 para dirigir al Alavés, con el que logró subir a Primera. Eso sí, a base de patadas y expulsiones: las 156 amarillas y 11 rojas lo situaron en la primera posición de ambas clasificaciones. ¿Casualidad? Al año siguiente, en la 16-17, Bordalás regresó a Madrid, pero esta vez para dirigir al Getafe -sustituyendo a Esnáider-, al que logró ascender. Sus malas artes quedaron reflejadas al ser el equipo que más faltas hizo (759), el quinto en tarjetas amarillas (117) y el segundo en tarjetas rojas (9). Desgraciadamente, nada nuevo.
La campaña pasada, ya en Primera, su Getafe tuvo el honor de ser el equipo que mayor número de faltas cometió en las grandes ligas europeas: 673. Por supuesto, volvió a liderar la clasificación de tarjetas amarillas en Primera, con 123 cartulinas, y fue octavo en expulsiones con 4 rojas. En lo que va de temporada, ¿adivinan qué equipo es el que ha hecho más faltas? Pues sí, el Getafe de Bordalás. Hasta el momento, le han señalado 354 faltas.
Es posible que los árbitros de las última década hayan urdido un plan secreto contra Bordalás, aunque me cuesta creer que esta gente se ponga de acuerdo en algo cuando no son capaces de unificar el criterio sobre las manos que son penalti y las que no, por decir un ejemplo.
Ahora más en serio, este señor propugna valores contrarios al deporte: enseña a ser mal compañero, a perder tiempo, a fingir y a ser un macarra. Y no solo lo hace durante la disputa de los partidos. Sin ir más lejos, en la eliminatoria de ascenso Elche-Granada (temporada 10-11) que concluyó con el ascenso a Primera del conjunto andaluz, los dirigentes y jugadores se quejaron de que Bordalás incitó a sus jugadores a ir al vestuario del Granada cuando ya había acabado el partido para ¿felicitarlos? No creo. Las imágenes del Canal Plus de Quique Pina, los técnicos y los jugadores encerrados en el vestuario del Martínez Valero sin poder celebrar el ascenso dieron la vuelta al mundo.
En un mundo en el que el deporte es el mayor vehículo de transmisión de valores, no se puede permitir que esta persona siga campando a sus anchas. Sin embargo, no faltará quien defienda que «eso también es fútbol», «el fútbol es para listos» y demás tonterías que terminan desembocando en la violencia que vimos en Mestalla.
Igual que se premian los buenos gestos, creo que el fútbol debería rechazar estas conductas. Desde aquí animo a los señores Tebas y Rubiales a instaurar el premio Juego Sucio y que se haga por votación popular (así no ponen en un compromiso a los profesionales). Yo tengo un candidato ideal para ser el primer ganador.