Por @rondoscutillas
La resurrección mostrada ante el Elche fue otro espejismo. El enésimo de esta temporada. El Carlos Tartiere confirmó que este Tenerife sigue aún la deriva cada vez que le toca ejercer como visitante. Era difícil hacerlo peor fuera de casa que lo mostrado hasta ahora. Pero este equipo, por desgracia, no pierde todavía la capacidad de sorprendernos cuando es para mal.
El duelo ante el Oviedo confirmó lo que ya sabíamos. Que el equipo que dirige José Luis Oltra reincide en sus pecados una y otra vez fuera de la isla. Es un equipo demasiado vulnerable. Que no sabe competir. Que pierde casi todos los duelos individuales contra el adversario. Y que, encima, ha sido incapaz de dejar a cero su portería en todos los partidos que jugó como foráneo en la primera vuelta. Si a eso le sumas su incapacidad de disparar a puerta, ni una sola vez en toda una segunda mitad, cuando todos dábamos por bueno rescatar un punto del naufragio, pues el panorama que se presenta es ciertamente desolador.
Los datos son sangrantes. Y, por ahora, nadie ha dado con la manera de parar esta hemorragia. Decía el técnico valenciano la semana pasada que enero y febrero son los meses en los que se podrá ver, realmente, los objetivos que va a pelear el Tenerife. La respuesta, si el escenario no cambia de manera radical desde ya, es bien sencilla. Luchará por no bajar. Porque, ahora mismo, con apenas 22 puntos, siendo el cuarto equipo menos goleador de toda la Segunda División y sin ganar a domicilio desde abril de 2018 tiene números de descenso. Aunque la clasificación actual diga lo contrario y deje a los blanquiazules a apenas un punto de despeñarse hacia el abismo.
El Tenerife pisotea fuera de casa lo que siembra en el Heliodoro. Calcina lejos de la isla los brotes verdes que riega como local. Una y otra vez. Sin excepciones. Ha entrado en un peligroso bucle que amenaza con acabar con la paciencia de los aficionados y de sepultar, en pleno mes de enero, las ilusiones que había puestas en el proyecto de este curso 2018/19.
Ante tanta depresión, el mercado invernal es la mejor medicina para curarle la anemia a un grupo que ha demostrado sobradamente que, con lo que había en el vestuario hasta ahora, poco más se podía hacer. Víctor Moreno ha recetado vitaminas en forma de fichajes y, como es lógico, el entusiasmo de los recién llegados debería subir ahora las defensas de un equipo que ha firmado una primera vuelta a todas luces insuficiente.
El plan de regeneración diseñado por el nuevo director deportivo ha ilusionado a un entorno que, mientras los nuevos comienzan a adaptarse, vislumbra un prometedor futuro de la mano de jugadores que deberían ser abanderados del proyecto a medio plazo de la entidad, como Borja Lasso o Mauro Dos Santos. Mientras se calibra también si Coniglio y Racic son capaces de aportar de manera inmediata, no convendría olvidar que no hay futuro que valga sin presente. Así que recordemos todos que este domingo toca remar fuerte porque se inicia, contra un rival directo como el colista Nástic, nuestra ardua batalla por continuar en Segunda y sobrevivir.