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Tenerife, la pasarela argentina

Redacción Deporpress | Fernando Coniglio ha reabierto la conexión, casi permanente, que mantiene el Tenerife con Argentina. Canarias fue un laboratorio para cantantes latinos como Marc Anthony o Juan Luis Guerra antes de triunfar en España y el resto de Europa. Y los blanquiazules se han significado, especialmente bajo la experta lupa de Santiago Llorente como secretario técnico, por ser el principal escaparate de aquellos jugadores que abandonan su país natal siendo unos desconocidos en nuestro país. La isla donde reina el Teide fue su primera esperanza como puerta de entrada hacia una exitosa carrera en el fútbol continental.

El delantero que mejor ejemplifica la historia que desde hoy empieza a escribir Fernando Coniglio como blanquiazul es Juan Antonio Pizzi. El punta santafesino arribó en esta orilla del Atlántico en agosto de 1991, con apenas 23 años y después de un breve paso por el Toluca mexicano, al que llegó procedente del Rosario Central.

Con la camiseta blanquiazul, Pizzi disputó 153 partidos repartidos en cuatro temporadas y anotó nada menos que 84 goles. Su último curso en el Tenerife, en la temporada 95/96, sirvió para coronarlo como el máximo artillero de Primera, con 31 dianas y, además, también fue Bota de Oro continental, galardón que compartió con el británico Alan Shearer (Newcastle). Esa cifra le abrió, de par en par, las puertas del todopoderoso Barcelona, donde jugó dos temporadas conquistando una Liga, 2 Copas del Rey, una Recopa, una Supercopa de España y una Supercopa de Europa.

Sin duda, el mejor ejemplo de futbolista que abrió esa puerta de par en par en la época del Tenerife contemporáneo fue el, por entonces desconocido, Fernando Carlos Redondo. Llegó a la isla con apenas 21 años en el verano de 1990 y fue decisivo en la primera clasificación blanquiazul para la UEFA de la mano de Jorge Valdano. Pese a las lesiones, el mediocentro argentino jugó 113 partidos con el club del Heliodoro, en los que anotó 8 goles. Legendario fue su duelo con Diego Maradona, cuando el ‘Pelusa’ defendía los colores del Sevilla, en un partido que enfrentaba el estilo ‘menottista’ de Redondo contra el ‘bilardismo’ de Maradona.

Su depurada técnica y su fútbol con mayúsculas propiciaron un sonado traspaso al Real Madrid, por 600 millones de pesetas en el verano de 1994, en la que se convirtió en la primera gran venta de Javier Pérez como presidente del Tenerife. Tras su paso por el club blanco, en el que obtuvo dos Champions, dos Ligas y una Supercopa de España, firmó por el histórico Milán, con el que conquistó la Champions de 2003 y el Scudetto y la Supercopa de Europa del curso siguiente, en el que colgó las botas de manera definitiva.

El guardameta Marcelo Ojeda también recaló en Europa de la mano del Tenerife, al que llegó en 1994 con 26 años, uno menos de los que tiene Coniglio en la actualidad. Militó seis temporadas en la isla y fue uno de los grandes artífices de la clasificación para la Copa de la UEFA en la que, un año más tarde y gracias a sus intervenciones, alcanzó las semifinales el cuadro isleño de la mano de Jupp Heynckes. Defendió la camiseta blanquiazul en 138 oportunidades y, pese a su exitosa trayectoria en la que llegó incluso a ser internacional con su país en 1997, no jugó en ningún otro equipo europeo y terminó su carrera en Argentina con Estudiantes de la Plata y Argentinos Juniors.

El Tenerife fue, del mismo modo, el primer destino europeo de Federico Lussenhoff y Pablo Paz. El ‘Colo’ llegó a la isla en 1998, con 24 años. Como pasó con Pizzi, también había tenido una corta experiencia fuera de su país, en el Toros Neza. Disputó 133 encuentros con la blanquiazul, siendo decisivo en la consecución del penúltimo ascenso del club a Primera con 3 goles. También vivió el lado amargo del descenso la temporada siguiente, aunque su solvencia le sirvió para recalar en el Mallorca, con el que conquistó incluso una Copa del Rey en el año 2003, antes de retornar a México para enrolarse en las filas del Cruz Azul y acabar su carrera en Argentina con Colón, River Plate, Talleres y el Rivadavia.

Paz, por su parte, llegó a la isla con apenas 23 años y pasó 6 cursos en la isla, jugando 127 partidos con la blanquiazul y anotando 10 goles pese a jugar de central. Brilló junto a Ojeda en el EuroTenerife de Jupp Heynckes y también formó pareja de manera ocasional con Lussenhoff en el equipo que logró el ascenso a Primera con Rafael Benítez de entrenador. Tras el descenso del año siguiente, se enroló en el Valladolid, donde tuvo una participación residual antes de diluirse en Segunda B con el Castillo y el Cerro Reyes.

El Tenerife fue también la puerta de entrada a Europa de otros jugadores argentinos como Federico Basavilbaso (24 años), Hugo Morales (25 años), Ezequiel Luna (22 años), César La Paglia (24 años) o Javier Almirón (25 años). Mucho más atrás en el tiempo queda el caso del central Alfonso García Loredo, que llegó al Tenerife con apenas 20 años en 1985 y con el que disputó 20 partidos en Segunda.

Otros jugadores argentinos también llegaron a la isla en parecidas condiciones a las de Fernando Coniglio. Son los casos de las cesiones del delantero Maxi Pérez (argentino de nacimiento y con nacionalidad uruguaya), que marcó 6 goles en 29 partidos durante el curso 2014-15. Uno de ellos, el más recordado, en un derbi contra la UD Las Palmas en Gran Canaria. O Gerardo ‘Tata’ Martino, ex técnico del Barcelona, que llegó a préstamo desde Newell’s Old Boys en el mercado invernal de 1991 y no prorrogó su vínculo pese a jugar 15 partidos y anotar 1 gol.

La conexión de los blanquiazules como puerta de entrada en Europa de jugadores de esa nacionalidad queda reabierta nuevamente con Fernando Coniglio, el último en apuntarse a la moda que señala al Tenerife como una gran pasarela argentina.