Redacción Deporpress | Decía Alfonso Serrano el pasado 13 de julio que intentarían “construir un equipo mejor que el del año pasado”. Pero reconocía que se había perdido una oportunidad única. “No vamos a tener un equipo como el de la campaña pasada; estoy convencido de que vamos a hacer un muy buen equipo porque esta es la base mejor con la que hemos trabajado, pero es muy difícil igualar los jugadores del año pasado”.
Un discurso duramente criticado en su momento por su dosis de realidad. Pero que, con el paso de los meses, se ha mostrado que no iba desencaminado. La secretaría deportiva, en consonancia con el cuerpo técnico, apostaba por un vuelco de tuercas en el nuevo proyecto deportivo. La llegada de jugadores a préstamo de etapas previas daba paso a un ideario con predominancia de más jugadores en propiedad o con contratos más duraderos. El principal hándicap: menor margen de maniobra en el margen salarial, por lo que como apuntaba el director deportivo vallisoletano, el Tenerife estaba obligado a apuntalar un equipo basado en el bloque colectivo más que en la calidad individual.
El nuevo planning deportivo tendría que ser reconstruido. Salían hombres importantes: Juan Villar, Vitolo, Casadesús, Juan Carlos, Longo y Mula. Casi todos, por diferentes motivos (préstamo, descontento, mayores retos, decisiones técnicas, etc.). Pérdida de mucha metralla ofensiva que Serrano trataba de paliar con una simbiosis de cedidos y futbolistas en propiedad: Chilunda (Azam), Joao (Chelsea) y Nano (Éibar) llegaban por la vía de cesión; José Naranjo (Genk), Iker Undabarrena (Bilbao Athletic) y Héctor Hernández (Real Sociedad), en propiedad.
Un nuevo grupo de jugadores que tendrían que encontrar la mayor consonancia conjunta para rendir sobre el césped. Junto a ellos, la “vieja guardia”: Dani Hernández, Luis Pérez, Camille, Alberto, Carlos Ruiz, Aveldaño, Jorge, Cámara, Milla, Acosta, Suso, Tyronne, Aitor Sanz, Montañés y Malbasic.
Pero engrasar la máquina blanquiazul no ha sido tarea sencilla. A las cinco jornadas, se cobraba una de las víctimas del nuevo plan deportivo: Joseba Etxeberria. Y dos meses después: el cese de Serrano. El propio Alfonso explicaba en su rueda de prensa que su salida estaba pactada desde pretemporada con el presidente para febrero, pero que debido a las circunstancias su marcha sufría un despido precoz. Una salida prefijada porque entendía que su figura estaba “desgastada”. Aunque sin rencores, al menos de cara a la luz pública.
La búsqueda del sustituto se demoraría unas semanas. Hasta que se daba en la diana: las conversaciones con Víctor Moreno llegaban a buen puerto, firmado hasta el 30 de junio de 2021. Con dos ascensos a Segunda con el Albacete, su estancia en solitario en el CD Lugo o su último desempeño: adjunto de la secretaría técnica del Deportivo Alavés. Hasta este mes, cuando se desvinculaba de la entidad vitoriana para unirse como máximo responsable de la secretaría técnica del CD Tenerife. Su premisa, era clara: Llegamos con las ideas bastante claras de lo que queremos hacer, pero lo primero es escuchar a las personas”.
El nuevo máximo responsable de la dirección deportivo aterriza en la Isla con un papel importante: acertar en tiempo récord en cuestión de adaptación, conocimiento del terreno y reestructuración de la plantilla para la segunda mitad del campeonato. Junto a él, cuatro personas: Ricardo, Toño, Gorgo y Alberto. Los primeros nombres para la rampa de salida salen a la palestra: Héctor Hernández, Aveldaño, Tyronne y Chilunda, además de un Acosta que parece pendiente solo de oficialidad. Un fin de año de pesadillas deportivas en el que el mes de enero se antojará como mes clave en la dirección deportiva por su responsabilidad directa en la llegada de refuerzos, que pueden ser decisivos en el devenir inmediato del Tenerife.