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El punto de penalti salva a un Tenerife sin fútbol ni orgullo

Redacción Deporpress | Los aficionados blanquiazules siguen llevándose las manos a la cabeza. Un patrón que se repite cada fin de semana, especialmente cuando se compite lejos del Heliodoro. La imagen de equipo sin ideas, sin patrón y basado en la improvisación volvió a vislumbrarse sobre el césped de Gran Canaria. Porque ocho meses sin ganar fuera de casa no es mera casualidad.

Se apela al espíritu. Al orgullo. A la intensidad. Pero el problema del Tenerife va mucho más allá de eso. Es un déficit en cuestión de individuales, de planteamiento, de sentido del juego y de confianza. Y jugar un derbi, por especial que sea, no borra todos esos males de un plumazo. Porque son circunstancias que están incrustados en el fondo y que, para cortarlos de raíz, deben cambiarse más allá de 2-3 piezas cada fin de semana.

El Tenerife dio nuevamente vida a una UD Las Palmas plagada de dudas. Se reencontró más por demérito de su rival que por mérito propio. Los tinerfeños, sin un plan claro para meter mano a la zaga amarilla, apenas pasaban del mediocampo. Y eso que Nano tuvo la primera, en un disparo cruzado manso que atrapó Raúl Fernández.

Ahí, se acabó el repertorio blanquiazul. Problemas en la salida de balón, en sus laterales, en la solución que podían ofrecer los mediocentros. Y con dos islas en ataque que lo intentaban con escaso éxito. Fidel, en una jugada personal, se asociaba con Araújo para ajusticiar a los nuestros, desnudando todos los defectos del equipo.

La vuelta de vestuarios deparaba el mismo curso. No había soluciones. Milla se retiraba. Y Oltra apostaba por el orgullo de Suso y la casta de Montañés. Las Palmas coleccionaba ocasiones para marcar mucho antes en el 2-0. Sin embargo, el fútbol es demasiado imprevisible. Y hoy, quizás, el Tenerife cosechó mayor premio del merecido. Montañés y Malbasic arrancaban en una galopada de orgullo para fabricar la jugada de penalti que acababa con David García expulsado por una discutible mano. Suso no fallaba la pena máxima.

En la jugada previa, Nano se tenía que trasladar en camilla por una agresión de Timor. Y pese a la mala imagen, Acosta la tuvo en el descuento, en un centro lateral que enganchó, pero con el objetivo desviado. Pudieron ser tres puntos, al igual que ninguno, pero el destino quiso un reparto que sabe mejor al Tenerife por las circunstancias en las que se desarrolló la contienda.

Y el viernes se cierra el 2018. Ante el líder: el Granada. Y con un Heliodoro que puede convertirse en un factor en contra si los nazaríes cumplen con su rol de favorito. Quizás las soluciones pasen por el mercado de invierno. O a lo mejor el problema es de mayor calado. Lo cierto es que el tiempo de reacción debe ser lo más inmediato si el Tenerife no quiere volver a tener pesadillas con el abismo, porque la suma de un punto en este derbi no debe tapar las enormes carencias de este equipo en este curso.