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El verano en el que el Tenerife cambió el fútbol

Era 1989. Un año vertiginoso que aceleró el corazón del  mundo. La Guerra Fría tocaba a su fin mientras Ronald Reagan dejaba la presidencia de Estados Unidos en manos de George H.W. Bush y el Muro de Berlín, el gran símbolo de la división europea entre el bloque socialista y el capitalista, se rompía para siempre.

Madonna escandalizaba a la iglesia católica y a las conciencias más conservadoras bajo los acordes del ‘Like a prayer’, el genio transgresor de Eugenio Salvador Dalí nos dejaba para siempre y la versión cinematográfica de Batman, con Michael Keaton como el hombre murciélago y Jack Nicholson interpretando al Joker, arrasaba en las taquillas.

Ese año también se movió la isla. Tembló con un terremoto de 5,3 grados en la escala Richter el 9 de mayo. Pero lo hizo aún más cuando, la noche del 2 de julio, estalló de felicidad con el segundo ascenso del CD Tenerife a Primera División ante el Betis en el Benito Villamarín. Sin que nadie lo sospechase, aquel verano fue la génesis del ciclo más exitoso de la entidad. Un club modesto, acostumbrado a vivir a la sombra de la UD Las Palmas durante los cuatro lustros precedentes, ingresaba en la elite sin apenas tradición ni pedigrí entre los clubes más selectos del balompié nacional.

Al frente de aquel proyecto estaba Javier Pérez. Un presidente que, a su manera, también hizo historia. Especialmente por su manera de gestionar. Un inconformista que soñó con poner al Tenerife en el mapa futbolístico mundial y lo logró paso a paso. Gol a gol. Gestión tras gestión. Y fichaje tras fichaje. Prescindió del entrenador que conquistó el mayor éxito deportivo de la historia hasta aquel julio de 1989, Benito Joanet, y dio el volante deportivo del club a Santiago Llorente, que pronto demostró poseer una habilidad innata en los despachos.

Aquel Tenerife no tenía el músculo económico del Real Madrid o el Barcelona. Obviamente tampoco podía competir sobre el césped con las plantillas de otros ‘grandes’ como el Valencia, Atlético de Madrid, Zaragoza o Athletic de Bilbao. Pero era un club ilusionado. Con una masa social eufórica por el regalo de estar, por fin, entre los elegidos. Y con unos dirigentes cuyo límite era el que les marcaba la frontera de su propia imaginación.

Ese Tenerife, advenedizo y neófito para todo el balompié nacional, fue no obstante uno de los precursores de una herramienta futbolística que, hoy en día, es utilizada mayoritariamente en el planeta fútbol. Santiago Llorente no dudó en acogerse al Real Decreto 1006/85 para sacar a un prometedor Felipe Miñambres del Sporting de Gijón, previo pago de 60 millones de las antiguas pesetas (unos 360.000 euros en la actualidad).

El propio Llorente recuerda para DEPORPRESS cómo fueron aquellas gestiones, realizadas hace ya 29 años, y argumenta que el Tenerife “subió en la promoción contra el Betis y terminó aquella temporada muy tarde. Yo estaba trabajando en el Oviedo y tenía un acuerdo con Javier Pérez para incorporarme a su proyecto si el equipo subía. Pero lo cierto es que, entre unas cosas y otras, no pude hacerlo hasta bastantes días después de aquel ascenso”.

“Cuando llegué a la isla –prosigue Llorente– me encontré un club muy saneado. La economía estaba bien y había dinero para fichar. Pero el gran problema era que el resto de los equipos estaban ya prácticamente hechos y el mercado ofrecía ya muy pocas posibilidades. Por esa razón, decidimos echar mano de lo que la reglamentación y el derecho deportivo nos permitían en aquellos momentos. Ese verano fichamos a Felipe Miñambres, del Sporting de Gijón, a través del 1006 y a Quique Estebaranz, del Racing de Santander, acogiéndonos a lo que entonces se llamaban las listas de compensación por formación y promoción. Apenas pude planificar la temporada porque se ascendió muy tarde y recuerdo que tuve que trabajar de manera muy apresurada aquellas semanas”.

Santiago Llorente indica que la apuesta por Felipe Miñambres “la tenía clara desde que supe que podíamos afrontar el pago de su cláusula. Lo conocía desde que estaba en la selección Oeste de Castilla y León de categoría juvenil y también lo había seguido en el Zamora y, cómo no, ya en el Sporting. Empezó con el filial y luego tuvo actuaciones muy destacadas con el primer equipo. Necesitábamos a un jugador para esa demarcación, lo conocíamos y apostamos por realizar un desembolso muy importante para aquella época. Además, también tuvimos que ofrecerle un buen contrato al futbolista porque el Sporting no nos lo puso sencillo y también quiso renovarlo”.

El tiempo terminó por darle la razón a Llorente y Felipe Miñambres  es aún, hoy por hoy, el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Tenerife (347), en los que anotó 38 goles y jugó 25.047 minutos entre los años 1989 y 1999. “Fue una adquisición muy buena –remarca Llorente– porque era un jugador muy importante dentro del campo y también en el vestuario. Tenía mucha personalidad, era alguien muy de club y creo que, por esa razón, aún se le quiere tanto en la isla”.

El fichaje de Felipe Miñambres fue uno de los más sonados de la pretemporada del curso 89/90 ya que, hasta ese momento, solo Paco Llorente, en 1987, se había acogido al Real Decreto 1006/85 para dejar el Atlético de Madrid y enrolarse en el Real Madrid. El Tenerife, gracias a la habilidad de Santiago Llorente, reabrió una vía que años después siguieron, con cifras mucho más demoledoras, futbolistas como Rivaldo, Luis Figo o, más recientemente, Neymar. Aquel verano de 1989 el Tenerife, con el fichaje de Felipe Miñambres, cambió el fútbol.