Por @juanjo_ramos
Uno empieza a cobrar conciencia de que se hace mayor por muchas razones, pero el fútbol ayuda. De repente, los jugadores a los que entrevistaba se retiran y cambian el césped por los banquillos. Ver este jueves a Iván Ania dirigiendo al Racing de Santander me trajo a la memoria aquella temporada 01/02, la última de Javier Pérez en Primera. El asturiano llegó como uno de los fichajes estrella y se fue, años después, sin pena ni gloria. En aquella plantilla estaba también Antonio Hidalgo, ahora segundo entrenador de Andoni Iraola en Chipre.
La misma sensación me persigue cuando escucho comentar los partidos para LaLiga 123 TV a Antonio Pinilla o José Luis Martí. Entonces echo cuentas para concluir que sigo al Tenerife profesionalmente desde 1996 y, de manera continuada, desde 2002. Aquel año, en Soria, donde juega este sábado el equipo blanquiazul, narré mi primer partido íntegro en la radio. Fue en la Copa del Rey y, como suele suceder en Los Pajaritos, palmaron los tinerfeñistas. Esperemos que la cosa cambie ahora en Liga, que falta hace.
Tanto recuerdo no me lleva a ponerme nostálgico, sino a plantearme que quizás por experiencia uno empieza a tomarse las cosas con más calma. Por eso, el mal inicio del Tenerife me causó tan poca sorpresa y menos nervios aún. Desgraciadamente, empezar mal casi va en el ADN de este equipo. Y ganar muy poco fuera de casa, también. Por esa experiencia sé también que la victoria ante el Alcorcón del pasado sábado, más allá del carácter épico que tuvo, no sumará más que tres puntos ni supone una salida segura a la crisis.
No sé si su destino es pelear por la permanencia (se nos pasará por la cabeza si pierde el sábado), acabar entre los seis primeros (nos pondremos a hacer cálculos si gana) o vagar en tierra de nadie lamentando los puntos perdidos en el arranque cuando veamos que no nos da para llegar a las eliminatorias de ascenso. Pero sea cual sea el final es más sencillo de descifrar el camino. La temporada estará llena de espinas para este equipo y nuestra es la misión más complicada, esa que hemos sabido interpretar en septiembre y octubre: tener paciencia.
Costará porque esto es la Segunda División y, por mucho que se rompa el mal fario en Soria, no hay alfombras rojas hacia el playoff. Pero no queda otra fórmula que seguir remando y ayudar a un grupo de jugadores que nos dio una lección remontando al Alcorcón. Una lección de unidad y de esperanza. Trabajaron juntos y no bajaron los brazos hasta que pudieron disfrutar de ese 3-2. Cuando lleguen las derrotas, recuérdenlo antes de disparar a matar en twitter contra uno de ellos. Y también cuando se planteen medidas imposibles contra sus superiores en medio de la competición.