Por Yannick Martín (@yannick2693)
El Iberostar Tenerife ha comenzado la temporada 18/19 en esta Liga Endesa cuál montaña Rusa de cualquier parque temático. Tras un verano (otro más) excelente en la dirección técnica fichando con puntería y acierto, la plantilla lagunera debutó el pasado domingo frente a un muro muy difícil de superar: el Real Madrid.
La pretemporada sin ningún tachón reseñable y con un desconocimiento de lo que era perder en el periplo de partidos amistosos, las buenas sensaciones que dejaron los pupilos de Txus Vidorreta durante el mes de Septiembre volvieron a aparecer durante los cuarenta minutos de juego en el feudo merengue y si no hubiera sido por las pérdidas y los fallos no forzados de los aurinegros, igual estaríamos hablando de otro resultado al que sucedió finalmente.
Pero pese a las buenas sensaciones, las lesiones en el Iberostar Tenerife han vuelto a aparecer y además, de la manera más trágica. Gielo en una jugada sin importancia alguna, intentando no caer encima de Facundo Campazzo y hacerle daño, consiguió involuntariamente que su rodilla se destrozara por completo y en una escena horrorosa, siendo oíbles incluso sus lamentos y quejidos desde el propio televisor, decía adiós al baloncesto hasta dentro de doce meses.
Si ya una derrota baja la moral, pese a ser frente al campeón de la Euroliga, la lesión del nuevo ala-pívot canarista derrumbó por completo todo lo que se pudiera rescatar del duro desafío dominguero y sin tiempo casi para recuperarse, los aurinegros jugaban en un margen de cuatro días otro compromiso liguero, esta vez con los suyos en las gradas.
Aniano sacando su varita fichando a Gillet y su ametralladora del 6´75, y un pabellón ansioso por volver disfrutar de su equipo en la Hamburguesa, ayudaron a paliar esa sensación anímica de no ver a Gielo en la pista…
Desde hace un par de años siempre hemos tenido a un jugador al que darle el balón cuando todo salía mal y cerrar los ojos esperanzados a que el 34 aurinegro metiera una tras otra canasta provocándonos esa alegría interna y mirada de estupefacción cuando presencias ante ti, a un jugador que hace rutinario lo inverosímil. Pero Davin White este verano se marchó sin hacer ruido alguno dejándonos huérfanos de un superhéroe en el Santiago Martín.
Y apareció él, con el 12 en la espalda el regalo a la afición canarista de Aniano Cabrera se enfundó un traje que había empezado a coger polvo carente de uso y proclamó con fuerza y determinación, que un nuevo rey había llegado a la Isla y dando la primera, de las muchas alegrías que Thad McFadden Jr. otorgará a su nuevo público.
Su actuación fue digna de un nuevo visionado, siguiendo el estilo de esa larga dinastía de exteriores americanos que dominan el manejo de balón y que anotan con mayor porcentaje a medida que la defensa de su par sea mejor. 26 puntos para el escolta de Michigan que, emulando a “Batman” fue secundado por un Tim Abromaitis (23) haciendo de “Robin” que sigue en esa escala ascendente que no ha parado de recorrer desde el momento en el que fichó por el club tinerfeño.
El Iberostar Tenerife estrenó su casillero de victorias y, como siempre lo hace, se ha repuesto a los varapalos que el destino le suele ocasionar y comienza ahora sí, su andadura por una competición dónde se pueden registrar datos que quedarán marcados a fuego en la retina de los aficionados aurinegros. Thad y compañía están empeñados en hacerlo posible.