Por @ChusdeLeon
Veinte de Agosto de 2018, estadio del Nou Estadi de Tarragona. En el minuto 84, debuta con el Tenerife Shaaban Idd Chilunda. El jugador Tanzano apenas toca la pelota y solo alcanza para abrazar a sus compañeros con una alegría y una sonrisa desbordante de ilusión, (repasen el video) ante el gol de Aveldaño.
Seis minutos. Ni uno más. Solo seis.
No hay ni un solo aficionado del Tenerife que haya visto jugar a Chilunda como dios manda ni un solo minuto más (y no me digan que ahora van todos al Mundialito a ver entrenar al equipo porque no es verdad) y no conozco a un jugador del que hayan corrido mas ríos de tinta injustificada en la última década que al bueno de Shaaban.
Esos seis minutos han servido para que algunos lo pongan de tornillo de roscachapa para arriba (en varias tertulias afamadas están arrasando con el chaval), que si Tanzania es una basura, que si no tiene nivel ni para Tercera, que si no sabe colocarse en el campo (repito… seis minutos), que si no sabe correr, que si no sabe rematar… (Insisto, todas estas perlas las ha escuchado servidor por la radio).
Hace una semana salía una foto de Shaaban en Instagram desde Tanzania, que fue replicada tanto en Twitter como en diferentes grupos de Facebook (en esos grupos devoralotodo) en este tiempo que lo ha tenido en un limbo burocrático hasta que ha resuelto su situación. Lean redes sociales y flipen… que si es un vago que no quiere trabajar, que si lo expulsarían del Tenerife, que si es un juerguista, que si ha venido a cambio de un sueldazo millonario y con comisiones… incluso alguna perla racista que me niego a replicar.
Lo digo con la boca llena, tremenda mierda de entorno somos cuando nos lo proponemos.
Seis minutos, solo seis…. estuvo en el campo. Pero realmente la medida de tiempo es otra. Un minuto, solo uno… es el que hay que tener en cuanto a capacidad de empatizar y ponerse en la piel de un pibe que ha cambiado radicalmente de mundo, de realidad, de cultura, de clima, de entorno familiar… y al que hay que tender la mano para ayudar y no para arrasar con él. ¿Alguna vez se han marchado de su hogar con 18 años para volar? Yo sí, fue durísimo y ni siquiera cambié de cultura o de país.
El problema de Chilunda se llama cuentas pendientes con Alfonso Serrano, y la tremenda campaña de acoso y derribo contra todo lo que huela a gestión del vallisoletano. Están usando a un pibe de 20 años como empuñadura para asestar puñaladas sistemáticas a un director deportivo al que no tragan, y ajustar viejas facturas de odio pendientes. Y les da igual lo que se lleven por delante.
Yo te deseo suerte pibe, espero que la rompas y ojalá en la isla te ayuden más personas de las que intentan putearte.