Por @beatrizpalmero
El ser humano, a veces creo que por naturaleza, tiende a fijar la vista en aquello que le falta, y no presta atención a todo lo que tiene que, la mayoría de las veces, es más que esa ausencia que le pesa. Aquí en Canarias tenemos la queja constante de lo lejos que nos queda todo, y más que lejos, lo mucho que nos cuesta un avión para asistir a grandes eventos. También los deportivos. Cuadrar vacaciones, vuelos, precios para asistir a un Mundial, unos Juegos, una final de una gran competición, a veces supone hacer encaje de bolillos… y muchos números.
Pero, insisto, debemos mirar más lo que tenemos en casa, que no es poco, y no hablo sólo de nuestros equipos representativos. Este fin de semana arrancaba en Tenerife un evento de talla mundial, que difícilmente tendremos la oportunidad de ver alguna vez más en la vida. Hablo del Mundial de baloncesto femenino que pone en escena, en los parqués del Santiago Martín y del remozado Quico Cabrera, los mejores actos de este deporte, en un momento en que las baloncestistas han dado un paso de gigante hacia la espectacularidad.
Dejemos de quejarnos y disfrutemos de una ocasión única para disfrutar del mejor baloncesto del mundo, o para descubrir el enorme talento de unas jugadoras siempre a la sombra del baloncesto masculino. Dejémonos enamorar por la estética, el ritmo y el juego de las mejores jugadoras del mundo, y dejémonos enamorar por esta selección española que juega en casa, por la veteranía de Laia Palau o Anna Cruz o por la juventud de Belén Arrojo, por los rebotes de Astou Ndour, por los puntos de Ana Torrens… No dejemos escapar esta oportunidad de sentir que los grandes eventos deportivos no están tan lejos y de emocionarse con el deporte, de tener sensaciones que difícilmente disfrutaremos otra vez.