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111 puntos

Por @beatrizpalmero

El fin de semana dejaba cierto sabor agridulce que ha venido a terminar de hacerse amargo este lunes. Porque veníamos quejándonos de que las primeras partes de los blanquiazules estaban siendo bastante pobres y, de repente, en el Heliodoro nos encontramos con una primera parte, especialmente la primera media hora, sencillamente espectacular. Hubiera sido perfecta si el equipo no pareciera estar tan negado de cara al gol. En cualquier otra circunstancia o dinámica, el Tenerife podría haberse marchado a la caseta con un 3-0 a su favor. Estoy segura de que el equipo tarraconense se marchó a la caseta pensando: “De la que nos hemos librado”.

Pero no fue así, y el gol postrero del Reus acabó dejando mudo al Heliodoro, desconcertado. La tendencia natural es buscar un culpable: directiva, director deportivo, plantilla… Cada uno apunta el suyo. Pero el fútbol tiene estas cosas, a veces te sale todo y marcas goles con la rodilla y otras… Otras pasa que un mal resultado alimenta las dudas que acaban convirtiéndose en el día de la marmota y la dinámica negativa te acaba pasando por encima como una apisonadora. Sinceramente, cada vez tengo más claro que en deportes de equipo las cosas no funcionan por un cúmulo de circunstancias. La culpa de que la pelota no entre no la tiene el presidente, ni Alfonso Serrano, ni tan siquiera Etxeberría. Ninguno de ellos remata. Cuando el equipo sale arrollando al rival y hace todo lo que debe hacer para ganar y resulta que yerra ocasiones cristalinas de gol, es que el problema va más allá de la calidad de la plantilla. Cuando la portería contraria se les hace a los jugadores “de hockey”, como apuntaba el técnico, es que hay un factor psicológico que no se está gestionando bien.

Aún así, a estas alturas ya no sé decir si la decisión de prescindir de Joseba Etxebarría es acertada o no. La temporada del descenso a Segunda B nos dice que no, que cinco partidos es poco y que puede crearse una sensación de que no funciona nada bien desde el principio. Pero la campaña pasada nos dice que esperar eternamente una reacción puede llevar al equipo a estancarse. José Luis Martí se fue con dos victorias en sus últimos doce partidos y con un solo punto de ventaja sobre el descenso en la jornada 25, con casi dos tercios de la liga disputados. Si me tengo que mojar digo que, probablemente, es demasiado pronto para tener claro que el equipo no iba a arrancar con el técnico vasco; pero creo que todos hemos visto que existían muchas dudas y pocos automatismos creados; que parecía que no había nunca un plan B y que ha logrado puntuar a base de mucho amor propio y empuje.

Sólo el tiempo quitará y dará razones, pero yo tengo fe en la plantilla. Sólo hay que recordar la segunda parte ante el Depor o ante el Cádiz, o la primera parte ante el Reus, para saber que hay madera. Es muy pronto para pensar en una campaña desastrosa, pero quien venga tiene bastante trabajo por hacer, empezando por disipar las dudas. Si es José Luis Oltra, deberá poner todo su empeño en recuperar la confianza defensiva, que es, probablemente lo que más lastra al equipo. Una tarea nada fácil teniendo en cuenta que el fuerte de los equipos del valenciano siempre ha sido la parte ofensiva. Aunque, claro está, tal vez cuando entren los primeros goles empiecen a entrar todos de golpe. Desde luego, otro gallo nos cantaría.

La mejor noticia es que quedan 37 jornadas por delante. 111 puntos son muchos, afortunadamente.