Por @beatrizpalmero
Creo que a estas alturas no sería exagerado decir que el Tenerife y los comienzos de liga nunca le fueron bien. El año pasado tal vez fue la excepción, pero tampoco sirvió de mucho arrancar bien. Tras la derrota en Málaga me recordaron el mal arranque en el regreso a Segunda División del Tenerife con Cervera en el banquillo. Entonces no consiguió la victoria hasta la jornada 7 y 30 después estaba luchando por los playoffs, un dato que me dio mucho que pensar.
Cierto es que la liga es muy larga y que rara vez un equipo mantiene el nivel y la competitividad a lo largo de toda la competición. El recordado caso del Levante es una rara excepción. Personalmente, prefiero un mal inicio que tener el bajón a mitad de competición, aunque siempre se corre el riesgo de entrar en una mala dinámica que luego sea difícil parar, tal y como sucedió en la temporada del descenso a Segunda B, donde no se ganó hasta la jornada 10 con el tercer entrenador del año en el banquillo.
Por otro lado, las sensaciones que transmitía aquel Tenerife de Cervera en las primeras jornadas de regreso a Segunda es que el equipo era competitivo, gustaba, generaba ocasiones, pero le faltaba sólo un pasito, un poco de suerte, un poco de puntería para lograr la victoria. Este Tenerife sólo me ha dado esas sensaciones en las segundas partes, especialmente en los dos últimos partidos.
Además, tenemos que añadir un problema más: que, si hablamos de los inicios blanquiazules, llueve sobre mojado. La afición blanquiazul no es paciente y siempre busca culpables, como si el funcionamiento de un equipo dependiera únicamente de una persona. Y así, parece que existe una crisis antes incluso de que verdaderamente se produzca. Como decía el escritor existencialista Bertolt Brecht “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Y en ese mismo punto está el Tenerife. Su versión 2018/19 no acaba de ver la luz, mientras que, inevitablemente, arrastra las consecuencias de todas sus versiones anteriores. En el entorno blanquiazul somos muy dados a cuestionarnos toda la existencia por lo que sucede en un sólo partido, como si de finales se tratase.
Personalmente, espero que ese Tenerife competitivo que todos esperamos nazca antes de que las expectativas de quienes han visto los anteriores y las dudas de los escépticos acaben asfixiándolo.