Por @beatrizpalmero
Más de una vez hemos escuchado aquello de que segundas partes nunca fueron buenas, pero en el caso del Tenerife, parece ser que esta expresión arraigada en nuestro idioma no es la más apropiada. En realidad, para los blanquiazules, deberíamos reescribirla para decir que las primeras partes nunca fueron buenas. Al menos hasta ahora.
Si algo caracteriza al Tenerife en este inicio liguero es la versión tan confusa y desdibujada que ofrece en los primeros tiempos de los partidos. Parece salir siempre con una marcha menos que el rival, lo que le lleva a perder siempre en las disputas y los balones divididos, a llegar tarde a la presión o a tener la sensación de que es mucho más lento que el contrincante. Sinceramente, no creo que se deba a la actitud de los jugadores, sino más bien a una cuestión de orden y orientación. El rival parece tener muy claro desde el principio a dónde quiere llevar el partido, cómo quiere jugar y qué tiene que hacer para ganar, mientras que el Tenerife parece salir a especular, a ver qué se encuentra y si funciona el plan que el entrenador ha preparado para el partido en cuestión. Los cambios de once así lo atestiguan: Etxeberría parece planificar los partidos pensando siempre en quién tiene enfrente y cómo y con quién puede contrarrestarlo mejor. Claro que esos cambios desorientan al equipo que, al saltar al campo, parece estar más preocupado en ver si el engranaje se pone en marcha adecuadamente que en ejecutar el plan.
Afortunadamente, las segundas partes, para llevar la contraria, siempre fueron buenas, unas mejor que otras, eso sí. Mejoró el equipo blanquiazul en Tarragona e hizo sufrir al Nástic hasta el final, mejoró el equipo en Almería, una mejoría casi obligada por su superioridad numérica y mejoró notablemente el Tenerife ante el Depor, al que hizo desaparecer del mapa en una media hora simplemente espectacular. La duda que me queda es si la mejoría vino impulsada por tener que remar contracorriente o porque cuesta engrasar el mecanismo puesto en marcha en cada partido. Ninguna de las dos posibilidades me gusta en absoluto.
Si queremos hacer algo importante en esta competición hay que dejar de desaprovechar esos primeros cuarenta y cinco minutos porque difícilmente podremos lograr victorias agarrándonos sólo a la siguiente mitad. Y sólo veo una manera de hacerlo: aclarar las ideas de un equipo que parece saltar al campo con muchas dudas. La inseguridad en Segunda sale muy cara y el precio va aumentando a medida que pasen las jornadas, así que invirtamos en las primeras partes para evitar precios elevados que lastren al equipo.