Por @beatrizpalmero
Una de las asignaturas que en mis tiempos de estudiante despertó mucho mi curiosidad fue Historia del Arte. Cuando comprendes por qué una obra es importante y valoras lo que la hace única es cuando te das cuenta de lo maravillosa que es, igual que pasa con las grandes obras literarias. Aprendí que los grandes pintores no lo eran sólo por cómo interpretan o reflejan la realidad en sus lienzos, sino por otros muchos aspectos: su manera única de reflejar la luz o su ausencia, por utilizar el mundo exterior para reflejar lo que sucedía dentro de ellos, por utilizar determinados colores para reflejar estados de ánimo… Y una de las cosas que más me maravillaba: por la particular forma que tenían de utilizar el pincel para distinguirse de los demás. Algunos revolucionaron la pintura sólo con sus particulares pinceladas…
Porque una pincelada puede parecer un gesto sencillo, pero es la base de una pintura. Y si no que le pregunten a los impresionistas, capaces de capturar un instante con líneas que parecen poco precisas o definidas y, sin embargo, muy pensadas y ligeras. Así que, iniciando un lienzo en blanco, más que con el resultado del primer día creo que debemos quedarnos con esas pinceladas que nos pueden anunciar si el trabajo va a ser bueno o no cuando esté terminado en 42 jornadas.
Y analizando, me quedo con algunas pinceladas que pueden augurar una buena obra. Por ejemplo, la intensidad. Los de Exteberría son un equipo con ella y otro sin ella. Hay que añadir ese ingrediente a la pintura. Otra pincelada importante: Cuando el equipo entero defiende bien, la línea defensiva es muy solvente. Cuando le dejan todo el trabajo a los cuatro de atrás, parecen peores de lo que son.
Otras pinceladas que pueden dar buenos resultados: la movilidad y creatividad de Malbasic, que mejorará en cuanto marque al fin un gol; el atrevimiento de José Naranjo, que se va mostrando más que en pretemporada; el oportunismo de Nano, las llegadas al área de Bryan Acosta y Alberto, que debe dejar atrás la manía de conducir en exceso el balón y regatear a destiempo en el área…
Por supuesto que hay que corregir otras pinceladas no tan buenas y que, si se van acumulando van a ir devaluando el valor de la pintura final. Y aún hay muchas cosas que ver, muchos jugadores que aún no han cogido el pincel y de los que desconocemos su aportación a la obra final.
Es verdad que el gol postrero deja muy buen sabor de boca, pero aun en la derrota hubiera visto muchas cosas para el optimismo, sobre todo teniendo en cuenta que la pretemporada fue muy poco exigente para el Tenerife, lo que dificulta que la técnica sea más visible sobre el lienzo. Pero a estas alturas ya sabemos que la temporada es tan larga que dará para muchos altibajos. Veremos si para más altos que bajos.