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El espíritu de Los Rodeos

Por @juanjo_ramos

En 2009, con el último ascenso a Primera, pensé que estábamos plantando una semilla de tinerfeñismo que, debidamente abonada e hidratada, se mantendría y hasta crecería con los años. El club se vio obligado a cerrar en 17.000 el cupo de socios (como acaba de hacer Osasuna en Segunda). Con el descenso, 4.000 de esos “fieles” desaparecieron. La bajada al siguiente escalón, el del infierno de la Segunda B tras 25 años en el fútbol profesional, costó la deserción de otros 4.000 “fieles”. De 17 a 8 en 2 veranos.

Fue ahí cuando me di cuenta de que los ascensos son oportunidades para fidelizar clientes y los descensos, el momento en el que más se unen los aficionados. Ver al Oviedo o al Castellón vagar por la Tercera y la Segunda B un sinfín de temporadas y salir del pozo, con un ejercicio de unidad, reforzado por la fuerza que dan más de 10.000 socios es para hacérselo mirar.

Cuando alguien dice que la del Tenerife es la mejor afición (o de las mejores) de España pienso en esos equipos, en el Atlético o el Betis de Segunda, en los más de 22.000 abonados del Zaragoza o el Sporting ahora, en los más de 14.000 de un equipo que se salvó del descenso a Segunda B en la última jornada del pasado curso y que hace tres años estaba en Primera (Córdoba) o en tantos y tantos ejemplos de aficiones que necesitan bastante menos para ir a animar a su equipo.

La nuestra tiene un núcleo de birrias de siete u ocho mil fijos, esos que van al fútbol esté en la categoría que esté su equipo, juegue quien juegue, entrene quien entrene y presida quien presida. Les da igual. Son del Tenerife, no de Suso, Malbasic, Etxeberria o Concepción. Son del Tenerife, les genere más confianza o menos, aspire a un ascenso o solo a la permanencia. Ahí hay que contar a los que no pueden ir por motivos de salud o económicos, que los hay.

El resto son gente que se incorpora en función del grado de ilusión que les transmite el proyecto, la cercanía del éxito o alguna razón similar que no tiene que ver exactamente con una identificación plena con el club ni un sentimiento de pertenencia ampliamente arraigado. Sí, son clientes. Y lejos de merecer nuestro reproche, merecen nuestra atención (la del club sobre todo) para captar su interés. Sí, porque cuantos más seamos mejor. Pero sabiendo que no son como los siete u ocho mil. Son, simplemente, otro tipo de seguidores. Muy respetables, pero distintos. Ellos decidirán venir o no como cuando eligen ir al cine o a un concierto.

El problema es otro y el club no quiere verlo. Trabajar para que acudan más clientes al Heliodoro es una obligación, pero no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana. El verdadero objetivo es más lento y más costoso: conseguir que crezca la masa de birrias. Ese debería ser el verdadero “espíritu de Los Rodeos”.

Porque ver a 22.000 en el Heliodoro en la ida contra el Getafe, a 1.500 en el Coliseum o a más de 1.000 en Los Rodeos tras el no ascenso es para sentirse felices y satisfechos. Pero ver a aquellos 8.000 que no dieron la espalda en Segunda B es para sentirse orgullosos. Es en el crecimiento de esos 8.000 en lo que hay que trabajar. Al fin y al cabo, el camino para que vengan los otros se resume en dos palabras: ganar mucho.

Solo así se explica que este Tenerife, ilusionante por sus fichajes y con más detalles que nunca con su afición, solo aspire a ser el undécimo en número de abonados en esta Segunda División. Pero luego exigiremos el ascenso y hablaremos de fracaso. Sin mover un dedo, sentaditos en el sillón delante de la tele y con las redes sociales como altavoz. Al menos hasta que el club empiece a regalar entradas con las promociones. Igual ahí hacemos el esfuerzo.