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Estar solo

Hace tiempo que no escribo. La culpa ha sido mía. Debe ser que tampoco he encontrado demasiadas razones para hacerlo. Todo está tranquilo, aficionados y medios se han unido una vez más y no escucho ni leo voces contrarias a la excelente labor deportiva y social que, desde dentro del estadio, se está llevando a cabo.

Les pongo el ejemplo de esta semana. La exposición liderada por Antonio Cano (quien desde hace ya un tiempo está haciendo un trabajo de unión descomunal), dedicada a las mujeres fotógrafas que trabajan de cerca con el Tenerife, el saque de honor de este viernes a cargo de Miguelina (nuestra aficionada más fiel desde hace una barbaridad de años), el stand de la Asociación por el Deporte Femenino o el brazalete de capitán dedicado al 8M demuestran que el club está vivo y con ganas de seguir haciendo cosas a favor de nuestra sociedad.

Y es, entonces cuando pienso en la soledad. En estar solo, en no tener más amistad que un aparato telefónico con el que comunicarte. En salir a la calle y andar vagando porque nunca te acompaña nadie, porque nadie te valora. Te saludan, te responden, pero no te conocen. Siguen su camino. Tu contacto con ellos dura apenas un segundo.

Estar solo es complicado. Máxime si el miedo recorre tu cuerpo por no poder expresarte realmente como deseas. Por el qué dirán, posiblemente. A lo mejor eres de otra manera y sin embargo te ves obligado a asumir un papel, un estereotipo que no es el tuyo. Estar solo es jodido. Vivir solo y morir solo sin nadie que te quiera y esté a tu lado…lo es mucho más.

Por eso, he decidido que este fin de semana rezaré por las personas que están solas en este mundo, que no tienen amigos de verdad. Ni parejas a quien poder abrazar o contar lo que recorre por su mente. Porque la amistad no se compra, no se vende, no se trafica con ella. Eso tiene otro nombre: interés. La amistad se trabaja, se madura desde años atrás. Y te da parte de la felicidad. Saber que puedes contar con gente que, día a día, está a tu lado. Con la que tomas un café, te abrazas por el nacimiento de un hijo o lloras la pérdida de alguien. Están ahí.

Tener a gente a tu lado es reconfortante. Y el Tenerife tiene a miles de personas junto a él: junto al equipo y la institución. Cuando ha ido mal y también cuando ha ido bien. Luego puedes optar por apartarte, ponerte al otro lado de la acera y gritar que todo eso es una mierda pinchada en un palo. Es tu opción. La que puedes elegir: la de seguir estando solo toda tu vida. Recemos juntos por esa gente repleta de pena.

Amén.