Joseba Etxeberria está empezando a darle la vuelta a las cosas. Tanto que parece como si hubiera sedado a toda una isla. Un sedante mágico, balsámico que ha traído consigo la relajación y la confianza. El Tenerife vuelve a ilusionar y eso, un mes después, se agradece.
Partiendo de la base de que el Real Oviedo es uno de los equipos duros de la competición, los blanquiazules hicieron 45 minutos de libro. Jugando cada uno a lo suyo, aportando, luchando y acertando cuando se disparó a puerta. Dos golazos, uno de Longo y otro de Mula, levantaron al público y sumieron en un caos a los asturianos.
Sufrió el equipo en la segunda mitad después del tanto de Forlín con el que recortó diferencias el Oviedo. Balón de oxígeno que permitió al rival adelantar líneas y arriesgarse un poco más. Podía haber sentenciado el Tenerife minutos antes pero, como no lo hizo, pensó el Oviedo que el destino le daría alguna oportunidad y así fue que empezó a trabajar en pro del empate. Se equivocó.
Joseba sacó a Santana después del enorme trabajo que hizo, dio entrada a Sanz y pasó al bregador Acosta a la derecha. Ahí nació el tercer gol, el de la sentencia, con un catracho imposible de agarrar, que dejó a Mula la posibilidad de salir a hombros de la Calle San Sebastián. La ola ha vuelto. La de la ilusión. Que no se rompa nunca en la orilla.