Por @juanjo_ramos
Desde que sigo al CD Tenerife –y ya empieza a asustar cuántos años son– me he encontrado un puñado de jugadores diferenciales. Sí, de esos que son capaces de cambiar la imagen de un equipo con su sola presencia. De esos que dotan de recursos que otros compañeros no pueden ofrecer a un bloque que, sin ellos, funciona algo o bastante peor. Se podría decir que hay una versión con ellos y otra sin ellos, que gusta menos.
Recuerdo al Tenerife que ascendió a Primera en 1989. Rommel Fernández condicionaba de tal forma el juego que, sin su concurso, los de Benito Joanet parecían bastante menos. O aquel equipazo de la primera clasificación para la Copa de la UEFA. Competía siempre, pero brillaba más cuando estaba Fernando Redondo sobre el campo. No digamos el de la segunda participación continental. Aquel tenía varias figuras: Jokanovic, Felipe, Mata, César… Pero era él, Juanele, el que ponía la magia. Por eso, muchos pensamos que no habría final posible cuando vio la amarilla que le dejaba fuera de la vuelta de las semifinales contra el Schalke. ¿Palabras mayores, verdad? No me olvido de Luis García, Bruno Marioni, Veljko Paunovic, Alfaro o Nino. Incluso, de los intermitentes como Hugo Morales, La Paglia o Kome, genios incomprendidos.
Acerquemos el foco a estos tiempos. ¿Recuerdan a Luismi Loro en Segunda B? ¡Qué falta contra el Hospitalet! ¿Y a Ayoze Pérez el año del retorno a Segunda A? ¿Qué me dicen de Gaku Shibasaki la temporada pasada? Yo no había visto un jugador de la calidad del japonés vistiendo la camiseta blanquiazul desde los años 90 en la Isla.
Pues miren, esta temporada solo he tenido esa sensación con un futbolista. Y eso que la plantilla del Tenerife me sigue pareciendo un lujo. Ese futbolista es Juan Villar. Repasen la temporada y llegarán a la misma conclusión que un servidor: hay un Tenerife con Juan Villar en el campo y otro, algo peor, sin él. Su sexta lesión deja a Joseba Etxeberria con algo menos de filo, agresividad e intención. Y sobre todo de gol. Estamos, en mi opinión, ante el mejor definidor de la plantilla. No hay otro futbolista de sus características. Puede que haya uno con su gol o su agresividad, pero no reúne todas sus cualidades. Por eso, es el jugador diferencial de esta temporada.
Hay otros cuya presencia es importante, como Longo o Luis Milla. Incluso, algún candidato a genio incomprendido (Malbasic). Pero solo Villar le cambia, de verdad, la cara a este Tenerife. Su ausencia llega en el inicio de la remontada. No queda otra que empujar entre todos para que el ritmo no decrezca y, a su vuelta, dentro de algo más de un mes, siga viva la llama de la esperanza.