Por @juanjo_ramos
En ocasiones, muchas, nos falta valorar lo que tenemos. Ocurre en el ámbito familiar, en el profesional y hasta en el deporte. Tenerife se ha amoldado a la crisis, que se llevó por delante no pocos cadáveres en forma de clubes y deportistas de élite, para volver al primer plano nacional en muchas disciplinas. Una de ellas es el voleibol.
Durante este fin de semana disfrutamos en la Isla de un evento espectacular: la Copa de la Reina. Reunir, por concentración, a seis equipos para que diriman un título en apenas 48 horas tiene ya algo de espectacular. Si añadimos la igualdad existente en la Superliga Iberdrola, donde ya hay quien se atreve a toserle al otrora todopoderoso Logroño, y la presencia de dos escuadras tinerfeñas (Dimurol Libby’s Haris y Arona Voley), entonces ya queda poca excusa para acercarse al Juan Ríos Tejera o al menos interesarse por la cita.
Ha costado que la semilla que sembró Quico Cabrera, gestor inigualable, rebrote. Lo está consiguiendo, a base de mucho tesón, su sobrino David Martín al frente del Haris. Su éxito es indiscutible. Partió de los restos del CV Tenerife para alcanzar la Superliga primero, clasificarse para la Copa, ganarla luego, debutar en Europa y defender su título en casa. Como trayectoria, hay poca queja.
Ha recorrido todo ese camino con las dificultades indudables de una situación económica que dista mucho de ser la del inicio de siglo. Sin un guiño especial desde las instituciones oficiales y sin el carisma de Quico, ha tenido que rodearse de gente válida como Iván Machuca o Patri Gil para avanzar.
Ahora que ha llegado, al Haris le queda lo difícil: mantenerse y encontrar nuevas motivaciones. De momento, este fin de semana tiene una más importante que el título: captar adeptos. Mucha gente se alejó del voleibol cuando desapareció el CV Tenerife. “Sin el Marichal no es lo mismo”, decían. Y tenían razón. Pero también es bonito. El Haris merece que se acerquen a comprobarlo.