Por @rondoscutillas
El Tenerife ha vuelto a ilusionar. El triunfo ante el Lugo del pasado lunes (3-1) devolvió la imagen de aquel equipo con una pegada descomunal que, en la ya lejana primera semana de septiembre, volteó con solo diez jugadores sobre el césped un partido que perdía ante el poderoso Granada. Solo un malentendido entre Jorge Sáenz y Dani Hernández casi en el descuento privó a los blanquiazules de aquel triunfo (2-2) que merecieron con creces.
La sensación actual es que ese Tenerife, cinco meses después, ha reaparecido otra vez de sus bajo la batuta de Joseba Etxeberria. El cambio, en apenas tres jornadas, es innegable. Al menos en el Heliodoro, donde se ha merendado a un equipo que llegó con la ansiedad del necesitado como el Córdoba y a otro, como el Lugo, que lo precedía en la clasificación. Hasta ganar a los gallegos, solo habían tumbado al Zaragoza en la jornada inaugural de los que tienen más puntos que el grupo blanquiazul.
Varias son las armas que abanderan a este nuevo Tenerife. La presión, por fin, se realiza mucho más arriba. Bryan Acosta es un cocodrilo que devora todo lo que ya han dificultado previamente Longo y Villar sobre la salida de balón del rival. Si el adversario es capaz de superar estas trampas, esperan Alberto y Aitor Sanz. Ambos, con su despliegue físico, son capaces de asfixiar a cualquier futbolista que se empeñe en conducir y no apueste por tocar rápido para desactivar su trabajo de incansables perseguidores.
Con el balón, la irrupción de Mula ha dotado al Tenerife de una velocidad más. El catalán es un fórmula 1 en su carril. Desborda por aceleración y, además, mejora las prestaciones de los que le han precedido en esa demarcación, tanto a nivel de llegadas al área como en el índice de finalización de las jugadas. Su estilo de juego, desatado y vertical, contagia a sus compañeros y es un estímulo para una grada huérfana de emociones fuertes y acostumbrada al bostezo hasta hace bien poco.
Este Tenerife es más eléctrico, más intenso y más voraz. Etxeberria ha rescatado para la causa al majorero Alberto, que da pausa con el balón y hasta filtra buenos pases cuando no abusa de la conducción. Y estamos viendo, al fin, la mejor versión del dúo que forman Longo y Villar, dos jugadores de nivel superlativo y buena definición que, además, son un dolor de cabeza para cualquier defensa de esta categoría.
Da la sensación de que el Tenerife viene. Que se enganche o no a lo que todos queremos depende, exclusivamente, de que sepa darle continuidad lejos de la isla a lo que ya muestra en el Heliodoro. Jugar como visitante ha sido la gran asignatura pendiente de este curso. Y en manos de este grupo está desterrar esa etiqueta más pronto que tarde.
El Nástic de Tarragona es el segundo peor conjunto como local de Segunda y el estadio del que más veces se ha llevado la victoria el equipo que ejerce como visitante, nada menos que 8. El Tenerife, de una vez por todas, debe demostrar que, para ganar fuera de casa, le basta con aplicar lo que entrena y no tiene que recurrir a milagros ni pócimas.