Redacción Deporpress | No sabemos qué hubiera pasado ayer si el partido se hubiese disputado. Pero sí que es cierto que las 24 horas de suspense le han venido bien a un Tenerife que saltó al campo sabiendo cómo había quedado la jornada y con la idea clara de que, si ganaba al Lugo, la dinámica negativa desaparecía de una vez por todas. Siete puntos de nueve no es mal comienzo para Joseba Etxeberria, al que muchos machacaron incluso antes de que pisara la isla y abriera la boca. De momento su lenguaje ha sido más positivo que el verbo dañino de los que solo saben decir No a todo.
Empezó el técnico con alguna prueba gaseosa. Cámara por la izquierda, Villar por la derecha…y la Triple A en el centro: Alberto, Aitor, Acosta. El majorero está soberbio. Sereno, seguro, como si esta presión le diera más motivación. Junto a Sanz, fueron capaces de sostener el hilo conductor del encuentro, permitiendo a Brian moverse con toda la libertad que deseara en esa fina línea que separa el riesgo de ser atacados por el rival a plantarte en la portería de tu contrario con todas las probabilidades de terminar abrazándote a tus aficionados.
Longo y Villar es un lujo. Que estén bien, por fin, una realidad. Cuando no fue la lesión de uno, era el otro quien tenía que parar unas semanas. Eso parece haberse acabado. Y luego está Mula que ha traído aire fresco, velocidad y potencia a la banda izquierda. Un lujo verlo vestido de blanquiazul.
El fútbol es imprevisible. Muchos pensaron que al banquillo tinerfeño llegaba un inexperto y, por lo pronto, sus pupilos llevan tres semanas sin conocer la derrota. Buen inicio para volver a sentir mariposas en el estómago. Ahora toca dejarlo trabajar. Próxima semana, otro reto interesante.