Por @rondoscutillas
El CD Tenerife sacó un punto en su visita a Alcorcón (1-1). Poco saldo para algunos, que esperaban que la goleada ante el Córdoba fuese el relámpago que precede al trueno en la recuperación de los blanquiazules. Pero, cuando un equipo tiene una tendencia como la que llevan los isleños fuera de casa, resulta casi imposible corregir todos los defectos de la noche a la mañana y, además, consiguiendo buenos resultados a la primera y sumando de tres en tres.
Me consta que, en el entorno, hay temor a que la chispa que produce siempre un relevo en el banquillo dure menos de lo debido y que ese efecto positivo se disipe más rápido de lo normal. En esa apreciación confluyen dos factores. Por un lado, la considerable distancia de 10 puntos que separa al club de nuestros amores del playoff, el objetivo menos ambicioso de los trazados el pasado verano. Y, por el otro, el hecho de que para hacer realidad un triunfo fuera de la isla haya que esperar más meses de los aconsejables.
Ni una cosa ni la otra tocan ahora. En mi última columna receté sensatez ante el nuevo proyecto de Joseba Etxebarria y escribí que intentar tomar atajos hacia lo que todos anhelamos solo puede conducirnos a sufrir por sufrir. Sobre todo porque, hasta que este equipo sea capaz de ganar con cierta regularidad y encuentre la manera de hacerlo también lejos del Heliodoro, será incapaz de acercarse a los equipos que lo preceden en la tabla. Y, por tanto, multiplicará la frustración actual ante la sensación generalizada de que, con estos futbolistas, el rendimiento actual debe aumentar exponencialmente a la hora de sumar puntos.
Lo mejor es dejar los prismáticos y poner en el punto de mira en el próximo rival. En este caso, el Lugo, porque, para ser justos, las opciones de seguir alimentando la hazaña que todos queremos construir pasan, en buena medida, porque no se escape ningún punto más del Heliodoro. Los gallegos, por tanto, van a ser el primer bache de un camino que se ha deteriorado por el retraso en dar con la tecla para conformar un once competitivo desde que las cosas comenzaron a torcerse en octubre.
Es complicado. Mucho. Pero la clasificación y la calculadora aún dan opciones. No sé cuánto tiempo pasará hasta que este Tenerife se parezca al que todos queremos. O hasta que Etxeberria establezca la velocidad de crucero que nos devuelva la ilusión perdida. La caza de los equipos que, como el Lugo, están por delante en la clasificación solo será fiable si el Heliodoro se convierte en una caja fuerte. Y para que eso suceda se me antoja básico no desviarnos del discurso del paso a paso y escalón a escalón. Sobre todo porque una de las mejores maneras que existen para superar una crisis, al menos hasta que este grupo recupere la confianza en sí mismo, es diseñar objetivos cortos a través de un plan de etapas.