Por @josefelipem
Juan Méndez es un mito vivo del canarismo. Exponente de la sensacional cantera palmera que dominó en el baloncesto canario hace ya varias décadas, el alero siempre se destacó como un jugador físico, de raza, que siempre dio todo por el equipo para el que jugó. Por eso, pese a su sangre aurinegra, hubo un día en el que el aficionado del CB Canarias no vio a Juan como un aliado.
Hace 37 años, el 10 de abril de 1990, el conjunto tinerfeño visitaba el mítico Centro Insular de los Deportes, casa de un CB Gran Canaria que, por aquel entonces, no era el club pujante en ACB que es hoy en día. Los dos equipos luchaban por alcanzar el cuarto puesto de su grupo (el sistema de competición de aquella Liga ACB era distinto, con dos grupos en lugar de una competición única), y el Gran Canaria fue mejor prácticamente a lo largo de todo el encuentro.
Los amarillos dominaron con el mítico Greg Stewart a la cabeza, llegando a tener un 34-17 a su favor. Entonces comenzó la remontada canarista. Ken Johnson asumió responsabilidades, firmando un parcial de 2-15 (36-32). Durante la segunda parte (se jugaba en solo dos tiempos) Manuel Hussein, entrenador local, vio como José Carlos Cabrera, con un triple desde la esquina, adelantaba a su equipo en el marcador (72-76) con solo 36 segundos por disputarse. Fue ahí cuando al Canarias se le apagó la luz.
“Fue todo muy extraño, porque lo cierto es que fue un partido en el que jugué muy poco”, reconocería años más tarde Juan Méndez. Con 75-76 en el marcador el canarista Juan Carlos Jorge dispuso del balón, pero este se marchó por línea de fondo, dando una nueva oportunidad al Gran Canaria. Estaba claro: iban a darle el balón a Stewart, como así fue. El estadounidense, al verse bien defendido, sacó el balón para Juan Méndez, que aún no había podido anotar, y Juan no se lo pensó: “Metí al canasta sobre la bocina y es extraño, porque por un lado te alegras mucho porque consigues ganar el partido, pero por el otro lado están sentenciando al equipo de tu vida. La sensación es agridulce”.
Fue curioso porque el palmero estaba “muy enfadado” en el banquillo al no haber podido tener demasiadas oportunidades, aunque considera que en aquella ocasión tuvo “suerte” al lograr una canasta que quedará para siempre en la historia de los enfrentamientos entre CB Canarias y CB Gran Canaria.