Redacción Deporpress | El CD Tenerife cierra este 2017 con sensaciones encontradas, una sensación de lo que pudo ser y no se supo conquistar, convertir la utopía del ascenso a Primera División en la apatía final de un nuevo curso en el que las exigencias deportivas desde el primer minuto han lastrado a una plantilla y un entrenador que despiden el año prácticamente igual que el pasado en cuanto a puntuación, pero mucho más alejado del primer objetivo marcado que por aquel entonces.
Los tinerfeños entraron en 2017 con 26 puntos, los mismos con los que cierran el año, aunque con un partido más en la actualidad, pero a un solo punto del play off entonces, por los ocho que separan a los de Martí en esta 2017/18 del sexto clasificado.
Después de enlazar dos triunfos consecutivos (Real Zaragoza y Córdoba) durante enero, el Tenerife se metió en puestos de play off en la 22ª jornada, y ya no saldría de esa promoción en ningún momento. De hecho el representativo, desde esa fecha del campeonato, solo cedió tres derrotas en la fase regular. Reus (0-1), UCAM Murcia (1-0) y Nástic (0-1), fueron los únicos en doblegar a los de Martí en la segunda vuelta.
Los blanquiazules habían iniciado una racha sin derrotas desde que visitaron al líder Levante (10 de diciembre de 2016), que duraría 11 jornadas, hasta que el Reus se llevara los puntos del Heliodoro, que había permanecido inmaculado durante algo más de un año. Hasta que llegara ese partido el 19 de marzo, el Tenerife sumó seis triunfos y cinco empates que lo auparon al cuarto puesto con 46 puntos; por aquel entonces el representativo ya era un firme candidato a pelear el ascenso final. Los goles de Amath N’Diaye y, especialmente, el trabajo defensivo del equipo (solo el Levante y el Reus encajaban menos) llevaron a los de Martí a encarar la parte final de la temporada en plena forma.
De hecho, hasta el casi intrascendente traspié de nuevo en casa (0-1 frente al Nástic) de la penúltima jornada de Liga, en la que el Tenerife prácticamente ‘solo’ se jugaba el puesto final del play off, los tinerfeños enlazaron otra buena racha: cuatro victorias, cinco empates y la derrota en Murcia. Con la clasificación asegurada, pero el puesto por definir, reservó el técnico a los habituales titulares para jugar la última jornada en Zaragoza con un equipo repleto de suplentes y algún canterano. Y la jugada no le pudo salir mejor; triunfo (1-2) y pasaporte como cuarto clasificado en la promoción de ascenso.
El 15 de junio llegaría el primer partido por el ascenso. El rival en la primera eliminatoria fue el Cádiz de Álvaro Cervera, querido y odiado a partes desiguales tras su paso por el Tenerife, y al que clasificó justo por detrás de los insulares. Los gaditanos vencieron en su casa con un gol de Aketxe, y pudieron logran una victoria más holgada de haber estado acertados ante Dani Hernández; el Tenerife salió vivo del Ramón de Carranza y, gracias a la nueva normativa que beneficia al mejor clasificado, le bastó el gol de Shibasaki en la vuelta y saber sufrir en la prórroga para llegar a la final frente al Getafe.
El 21 de junio el Heliodoro explotó de alegría con el gol de Jorge Sáenz, a la postre definitivo para el marcador en el primero de los partidos ante los madrileños, pero a la postre fue insuficiente. El Getafe fue superior en la vuelta. En los 12 primeros minutos ya vencían 2-0, y aunque un gol de ‘Choco’ Lozano devolvió al Tenerife a Primera División, la ilusión solo duraría unos minutos, hasta el tercero de los azulones, todavía en la primera mitad. Los blanquiazules no encontraron su juego en el Coliseum, aunque en los minutos finales Amath y Aarón estuvieron cerca de batir a Guaita y, de paso, reescribir la historia del Tenerife.
Aun con la herida sin cicatrizar, anunció Alfonso Serrano una revolución en la nueva plantilla, que debía afrontar el reto mayúsculo de pelear, desde el principio u no de tapado, por el ascenso a Primera División después del mazazo vivido días antes. No por no querer seguir contando con numerosos jugadores que causarían baja, sino por las ofertas que les llegaron después de una temporada en la que prácticamente todos se revalorizaron. Shibasaki, Aarón, Amath, Lozano… tocaba recomponer una plantilla para el nuevo reto, especialmente en la zona de ataque.
Y lo cierto es que no pudo empezar mejor el trayecto de la 17/18 para Martí y los suyos. Los triunfos ante Zaragoza y Barcelona B colocaron líder al Tenerife y los rivales asumían el rol de favorito de los insulares; desde todos lados llegaban elogios especialmente por el frente de ataque conformado.
Poco a poco comenzó a diluirse la trayectoria deportiva del equipo, especialmente fuera de casa. Solo los resultados en el Heliodoro mantenían a los tinerfeños entre los favoritos, instalándose en la zona noble de la clasificación, pero que terminaron acusando el rendimiento fuera de casa. Cual doctor Jeckyll y Mr. Hide, el Tenerife puntuaba siempre en casa, manteniendo hasta el final de 2017 su condición de invicto; nadie, ni siquiera el líder Huesca que cayó como local en Copa del Rey, se ha mantenido sin al menos perder un partido en casa salvo los de Martí, que empezarán 2018 enfrentándose a su bestia negra, su alter ego: su versión fuera de casa. Albacete y Zaragoza podrían definir el futuro deportivo del equipo en el inicio de la segunda vuelta y, también, el del técnico tinerfeñista.