Por @beatrizpalmero
Si hablamos sobre la historia de la televisión en España, sin duda a todos nos vendría a la cabeza un programa como Un, Dos, Tres. Obviamente, a las nuevas generaciones apenas si les sonará, pero para muchas otras fue, durante mucho tiempo, parte de su vida. Muchos crecimos con aquel programa que cada viernes reunía a toda la familia frente al televisor, abuelos, padres, hijos. Vimos pasar a la Ruperta, a la Botilde, al Chollo y a no sé cuantas mascotas más en una constante renovación de un formato que seguía funcionando.
Para generaciones no fue nada extraño acabar una conversación con un campana y se acabó, o preguntar a alguien con la coletilla de un, dos, tres, responda otra vez. Canturreábamos 22, 22, 22 a ritmo de palmas cada vez que escuchábamos ese número o soltábamos un tararí, tararí cada vez que sorprendíamos de veras a alguien. Y lo cierto es que, este fin de semana, me trasladé otra vez a aquellos momentos en los que dudábamos con la pareja de concursantes… y con los sufridores. Siempre me pareció cómica aquella figura de los concursantes en un cubículos que sabían todo lo que estaba en aquellas tarjetitas verdes antes que los que estaban en plató y sufrían como condenados rezando para que no escogieran la opción equivocada.
Pero este domingo me vi reflejada totalmente en ellos. Sentada en el sofá, sabedora de que la debacle pendía sobre los blanquiazules como espada de Damocles e impotente al ver como, otra vez, tropezaban en la misma piedra y, otra vez, nos íbamos de vuelta a casa con las manos vacías o, peor, con un regalo que no deseábamos. Y no tenía nada de cómica.
Estoy pensando para cuidar mis nervios plantearme sólo concursar en casa. Igual podríamos apelar a la Liga para que cambiara las normas y el Heliodoro fuera el único plató disponible para concursar. Seguro que Chicho Ibáñez Serrador, creador de unos de los programas más longevos de nuestra televisión (Saber y Ganar es insuperable, creo) estaría de acuerdo que cambiar de escenario cada fin de semana no era bueno para el espectáculo.