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Escombros

Por @rondoscutillas

El CD  Tenerife vive uno de los momentos más delicados de los últimos años. Camina impotente al saber que tiene para más, pero no sabe cómo rentabilizar los recursos de los que dispone. No encuentra la manera de darle continuidad como visitante a las casi siempre enérgicas puestas en escena que realiza en casa. El gigante que suele habitar en el Heliodoro, mengua y se muestra vulnerable fuera de casa. Se empequeñece tanto que, cuando topa con un equipo hecho y derecho como el Huesca, acaba pisoteado sin piedad.

Azotado por el enésimo varapalo foráneo, el Tenerife encara su futuro con la creciente cicatriz de sus pobres números fuera de la isla lastrando, otra semana más, el objetivo que se marcó al inicio del campeonato. La incógnita de saberse un equipo sin continuidad, ni en los resultados ni en el fútbol, ha dejado caer una red de críticas de la que tiene complicado salir por ahora.

Hace quince días no servía el pragmatismo utilizado para vencer a la Cultural sin demasiados sobresaltos porque no se jugó bien. No valía ganar sin lustre. Ahora, tras el cortocircuito sufrido en El Alcoraz, el entorno se conforma con buscar a alguien que sea capaz de encender la linterna de las ideas para iluminar un futuro un poco más prometedor que el actual.

El escenario, pese al aceptable inicio de curso, no es de ilusión. Ni tampoco de esperanza. Ya no se respira la unidad de hace unos meses. Se discute el estilo, el método, el dibujo y hasta la conveniencia o no de haber iniciado la campaña de renovación de piezas de ensamblaje que, como Suso, Vitolo o Aitor Sanz, constituyen desde hace años el chasis de un monoplaza con el que sentimos el vértigo del éxito y la adrenalina de estar peleando, al fin, por algo importante.

Hoy es tiempo de ruido y de conflictos. De prisas y de urgencias. De demasiadas dudas y de pocas certezas. La gente está decepcionada. Y cabreada. Seguramente hasta con razón. Pero las cosas no se enderezan con gritos y reproches. A veces, como el año pasado, una desgracia supone hallar algo que funciona. Pasó cuando se ‘rompió’ Lozano y Martí descubrió que Amath podía jugar como referencia. Y quizá vuelva a suceder ahora, cuando al técnico balear se le agotan las opciones para la derecha tras la lesión de Suso y parece que, quizá, Juan Villar vaya a la banda en la que el pasado curso firmó más de una docena de goles con el Valladolid.

También me resulta muy curioso y enormemente llamativo que todas las victorias del Tenerife en lo que va de temporada hayan tenido un mismo punto en común: la portería blanquiazul se quedó imbatida. Zaragoza (1-0), Barcelona B (0-3), Alcorcón (4-0), Nástic (2-0) y Cultural Leonesa (2-0). Ese, el de la fiabilidad defensiva, es el axioma al que hay que agarrarse por ahora para sumar de tres en tres. En casa y fuera. Los números no mienten y dicen que, salvo en la visita de Osasuna (0-0), los blanquiazules vencen si no encajan.

Dejo otra reflexión para concluir por esta semana. Este Tenerife solo va a crecer si, entre todos, lo empujamos. Desde la grada no se meten goles. Ni se evitan. Tampoco rematamos un córner. O nos resbalamos al intentar un despeje. Desde nuestro asiento se vibra. Se apoya y se anima. Hagamos un esfuerzo más para arropar al equipo este viernes en el Heliodoro ante el Rayo. Y luego, pase lo que pase, volvamos a casa con la tranquilidad de no haber contribuido a que el maravilloso ‘espíritu de Getafe’, que nos unió a todos más que nunca en aquella triste mañana en Los Rodeos, quede reducido, solo cinco meses después, a meros escombros.