Redacción Deporpress | El CD Tenerife volvió a puntuar fuera de casa. Rompe la tendencia de tres derrotas consecutivas lejos de la isla. Y prosigue con su empeño de continuar sumando. Su puesta en escena, sin embargo, no fue tan brillante como en otras comparecencias cuando sale del Heliodoro. Martí quería que el choque se pareciese al de Lugo y el Oviedo, con más intensidad y actitud, se merendó a los blanquiazules en los primeros compases del choque.
Luego pasó lo habitual. La costumbre de comenzar por debajo en el marcador cuando actúa como foráneo se está enraizando peligrosamente. Igual que la de conceder facilidades al rival. Los asturianos superaron al Tenerife por decisión. Apostaron por presionar arriba de forma feroz y se embarcaron en la aventura de bombardear con centros el área blanquiazul. Su plan solo se rompía cuando el balón pasaba por Aarón Ñíguez, que sigue siendo tan eléctrico en sus acciones como en la isla, pero que ha añadido a su repertorio unas dosis de teatralidad dramática, impropia de un jugador de su categoría, cada vez que se va al suelo por cuenta propia. O ajena.
El gol de Saúl Berjón solo confirmó la empanada del Tenerife. Aarón recibió en la banda, enfiló a Raúl Cámara, que le dio carrete en forma de metros intuyendo una carrera, y el atacante levantó el periscopio y puso un balón en tierra de nadie. La zaga de Martí estaba adelantada, pero no lo suficiente. Jorge Sáenz, que se había quedado más rezagado que el resto, habilitó al punta asturiano. Berjón recibió cómodamente y sin oposición por parte de Dani Hernández, que tardó una eternidad en reaccionar esperando que el juez de línea decretase un fuera de juego que no llegó. Su remate, pese a que tuvo todo el tiempo del mundo para ejecutarlo, fue poco académico. Impactó con la pelota casi de casualidad y el balón entró, picudo y manso, a escasos centímetros del cuerpo del guardameta blanquiazul.
A partir de ahí no hubo respuesta. Al Tenerife le costó reencontrarse y combinar. Solo una acción de Malbasic, en un inexistente fuera de juego, y otra cabalgada de Aitor Sanz, interrumpida por el colegiado cuando pasaban escasos segundos del tiempo reglamentario y se iba hacia al área ovetense, fueron los méritos presentados por los isleños.
El golpe pudo ser mayor aún. Aveldaño, providencial, evitó el segundo gol local al salvar sobre la línea un nuevo desajuste de la defensa tinerfeña, nada más comenzar el segundo acto. Y, luego, el plan B de Martí sí que dio resultado esta vez porque Villar tuvo una noche bastante inspirada.
El onubense salió enchufadísimo. Se echó el equipo a sus espaldas y pidió el balón. Tiro desmarques. Desequilibró en el uno contra uno. Forzó tarjetas a los rivales. Y encontró el premio a su trabajo al culminar, con un magnífico remate desde la frontal, una asistencia con el exterior de Aitor Sanz que lo dejó en una posición ventajosa para definir.
El Tenerife suma un punto. Pudo ser peor y, esta vez, lo evitó la mejoría que acompañó a los blanquiazules tras el empate. La única incógnita es saber cuándo jugar fuera de casa, por unas razones o por otras, dejará de ser un lastre.