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Autodestrucción

Por @beatrizpalmero

La temporada pasada nos dejó con la miel en los labios. Tanto la saboreamos que el esperanzador inicio liguero disparó nuestro optimismo. Los refuerzos, creo que nadie lo duda, han llenado el vacío que dejaron aquellos que se marcharon. Hay calidad, garra y ganas de triunfar en el grupo de Martí. Es una excelente combinación. Pero la ecuación no da el resultado esperado si le añadimos un factor con el que no contamos: la suficiencia.

El Tenerife del Nuevo Arcángel poco se parece al que vimos en el Heliodoro ante el Granada. El Tenerife que nos enamora es el que no se rinde, el que se deja el alma, como dice el lema elegido por el club este año, el que saca fuerzas donde no las tiene ante las adversidades. El que vimos en Córdoba nos enfurece, tal vez porque no se parecía a sí mismo, porque da su superioridad por supuesta pero luego es incapaz de demostrarla, porque no tiene alma. Por supuesto, hay que tener en cuenta que el rival también juega, y que necesitaba romper la dinámica negativa con la que habían empezado. Pero cuando las ganas de lograr los tres puntos del rival parecen superar las nuestras, algo va mal.

Y va peor cuando tras una derrota los aficionados disparamos a matar. Somos autodestructivos, porque nuestra reacción airada y desmemoriada destruye al propio equipo. A pesar de que en este comienzo de competición hayamos visto argumentos suficientes para tener fe en que disfrutaremos mucho con este Tenerife. Si no lo destruimos por el camino.