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«Mi equipo vuelve a estar vivo»

Por César Gómez,

Buena plantilla, objetivo ascenso, buen comienzo en la Liga, adelante en la Copa del Rey, afición ilusionada…definitivamente, parece que un nuevo espíritu ha llegado al  CD Tenerife.

Es un gran paso para un club acostumbrado en los últimos años a navegar en el conformismo de no caer otra vez en el abismo que siempre supone descender al pozo de la Segunda B.
Yo, particularmente quiero un Tenerife así, sin complejos, con retos exigentes y claros,  sacudiéndonos el temor a pronunciar la palabra ascenso, con la ilusión de crecer y hacernos un poquito más grandes y produciendo el efecto contagio que no habíamos sabido reinstalar en la vida cotidiana de la isla.

Es cierto que la temporada no ha hecho más que comenzar, que la Segunda División es complicada y muy larga, pero es cierto que el escenario planteado esta temporada es muy diferente al que nos habíamos acostumbrado.

Desde la clasificación para jugar el playoff, hace apenas cuatro meses, hemos vivido una explosión de sentimiento tinerfeñista que nos ha hecho ver que no somos tan pobrecitos, que sabemos cuáles son nuestros colores y el orgullo de pasearlos por la geografía nacional presumiendo de equipo.

Es algo que deberíamos agarrar con fuerza y no dejarlo escapar otra vez, guiados por los que rigen el club, que  al fin y al cabo marcan las directrices a seguir.

En estos pocos meses he vivido esa ilusión desbordada que nos dio la posibilidad de luchar por algo grande, la decepción y tristeza de quedarnos tan cerca de volver a la mejor liga del mundo, el cabreo de algunos por ver la salida de jugadores que se habían revalorizado en nuestro equipo, los diferentes criterios de todos para saber la conveniencia del momento en el que sacar la campaña de abonos , la expectación creciente a medida que iban llegado las nuevas incorporaciones, la experiencia de sentirte líder y la semana siguiente con la primera derrota,la tan nuestra tendencia a creer que se hunde todo, la exhibición dada en la Copa en Madrid y la llegada de una nueva inyección de grandeza. En definitiva, un sinfín de vaivenes que  con la tranquilidad que te da ser espectador de una situación que conoces y que tantas veces has vivido como jugador del Tete me hace sonreír y pensar: “MI EQUIPO VUELVE A ESTAR VIVO”.