Por @HectorRuizPardo
Andaba comiéndome un helado y me ha durado frío tres minutos. Pero que narices, que tres minutos. Primero a mordiscos y luego a lametazos, pero que disfrute. Hasta me he tenido que relamer el bigote, y eso que (todavía casi a mis 3…) dice mi madre que como puedo aguantar con esta barba con el calor que hace. Nunca sabrá, espero, el placer de rebañar las últimas gotas paseando la lengua por doquier.
Esto no pasaría de anécdota si no fuese porque en lo que me dura y me provoca un helado, hay quién pasa de la más fervorosa sensación de imbatibilidad a la más timorata vulnerabilidad con un balón de por medio. Y al revés. 180 segundos de transformación gastrointestinal que convierten a LaLiga123 en la mayor batidora de sensaciones del continente. Si me permiten el consejo, si no quieren acabar suplicando por una camisa de fuerza, y descartando prescripciones médicas, disfruten.
Disfruten cuando pierdan y llámenme majadero si quieren. Está a punto de publicarse en la ‘Muy Interesante’ (no nos pasemos de cátedra) un estudio que refleja que el comportamiento emocionalen la derrota en el fútbol se mide en tres etapas. Diría yo en tres días, cómo la resurrección. El primero rompes una mesa, el segundo una silla y el tercero arreglas ambas porque sabes que no llegas a fin de mes, y porque de inmediato vuelve a jugar tu equipo. Pregunto, ¿Es más fácil el bricolaje o abrir una birra y unas papas? Yo soy un poco manazas, pero vamos, lo tengo claro. Y más aún con lo que se viene.
Disfruten con lo que se viene. Normalicen la derrota y saboreen el triunfo. No en exceso, con mesura, pero dense el gustopor un rato. Gustazo nuestro y de todos por ver como los 22 no van a negarse el derecho lícito a ilusionarles con hacer cima en lo máximo o con resistir en la división del balón de cuero. Disfruten de sus costuras, de esa pelota parada que rompe espejos y da puntos, de esos puntos de sutura que cierran heridas y sanan a la velocidad a la que uno se invade de buenas sensaciones.
Igual me sujeto en un positivismo ilógico que les hace pensar que el helado venía aderezado de más. Ni lo sé ni quiero, pero lo he disfrutado.