Por @juanjo_ramos
Me gusta el spot. No me parece la última maravilla del Universo ni creo que vaya a pasar a la historia. Incluso defiendo que esta temporada tocaba agarrarse a los sentimientos vividos durante el playoff. Pero me hizo reír, con la señora deseando el ascenso para librarse del hijo ya seguramente treintañero. Y hasta pensar. Porque a pesar de que su ejecución es más bien pobre sí refleja un compromiso entre aficionado y equipo. Ese «si sube el Tenerife yo…» lo hemos dicho todos alguna vez. Representa la unidad entre lo que esperamos en el césped y lo que estamos dispuestos a hacer fuera de él.
¿Ustedes no repiten la ropa del partido anterior si el equipo ha ganado? ¿No ponen la radio, salen de casa a la misma hora o se toman el café o la cerveza en el mismo sitio y con la misma gente? Van a la misma grada, a su asiento, el de toda la vida, saludan a los vecinos hasta con cariño después del verano y escudriñan en busca de aquellos que no están. «Aquel de la barba que venía siempre con el chiquillo se rajó esta temporada». Son rituales que se resumen en uno solo: ir al fútbol cada 15 días a ver a tu equipo.
Da igual si gana o pierde. Así debería ser. Así es en Alemania o Inglaterra. Así es en España si eres del Atlético de Madrid. Pero los tiempos cambian. Y otras modas se suman. Twitter es una de las tendencias más consolidadas ahora. En la red social puede uno apuntarse (y no necesariamente dando la cara con nombre y apellidos) y opinar. ¿Qué digo opinar? Criticar. Decir las verdades. Lo que no se atreven a poner los periodistas.
En 140 caracteres puedo quejarme de que se vayan algunos de los mejores jugadores a equipos mejores en los que cobrarán más. Y los pongo a parir. A ellos por mercenarios y al Serrano este por incapaz. También a los nuevos. Da igual que alguno no sepa ni quién es. Precisamente por eso. No sirven. Si no los conoce nadie… Y a los que sí los conocemos, precisamente por eso. Los conocemos y sabemos que no sirven. ¿Adónde vamos con eso? Por supuesto, los que no quieren venir no son mercenarios. Son buenos. Pero Serrano es incapaz de traerlos.
Tuitear permite quejarse del spot, como si de cada 100 que salieran 99 fueran de una calidad extrema. Y de los precios porque esperaba una reducción mayor. O de que salga un director general del club, algo que en otros sitios sería noticia media hora. No un mes. Incluso de la pretemporada. ¿Que no hay partido de presentación? Da igual que no haya fechas, el césped esté mal y en realidad solo vayan 3.000 a ese amistoso. El caso es quejarse. Que tengo 140 caracteres muchas veces al día. Destruir siempre fue más fácil.
Pero como en el caso del spot y del Tenerife en general, prefiero ver el lado bueno de las cosas. Prefiero pensar en Twitter como una oportunidad para compartir y debatir, obviar al pesado irrespetuoso y leer con respeto las opiniones. Más si cabe las discrepantes. Prefiero ver la temporada que se avecina como una oportunidad de reeditar la ilusión de los últimos meses de la anterior.
Y claro que me voy a cabrear. Y voy a criticar. Y hasta lo voy a poner en Twitter. Puede que hasta algún fichaje no me convenza. Pero mi TL no será el cubo de la basura o un ataque de frustración e ira tras otro. Voy a disfrutar del camino. Del camino hacia el ascenso. Porque yo creo que es posible. Si no, ¿para qué voy al Heliodoro?