Redacción Deporpress | El Tenerife firmó su peor partido de la temporada en el momento más inoportuno. Fue inferior al Cádiz en todas las facetas del juego y perdió con merecimiento. Los blanquiazules, desdibujados, se tornaron una caricatura de la imagen que han mostrado durante todo el curso en lo colectivo. Y en lo individual. Espesos. Agarrotados. Superados. Sin ideas. Imprecisos con el balón. Y demasiado exigidos cuando no lo tenían. Estuvieron a rebufo de su adversario durante los 90 minutos.
Y, además, infringieron el primer mandamiento de este tipo de eliminatorias. No regalarás. Y Dani Hernández, que ha sido un seguro de vida y es el tercer guardameta menos goleado de la categoría, cometió un error de bulto. Apartó las manos creyendo que el disparo de Aketxe se marchaba fuera y se quedó de una pieza cuando contempló el balón dentro de su portería.
En el fondo, el partido dejó la sensación de que el Cádiz hubiese marcado en cualquier otro momento. Ya lo hizo Aridane en el primer tiempo a balón parado, en un remate de cabeza anulado por falta previa a Germán. Y también se interpuso el poste en un remate desde fuera del área a la salida de un córner favorable a los andaluces.
El bagaje ofensivo de los isleños fue escaso. Lozano disparó por vez primera a puerta en el 86. Su intento salió desviado. Pero fue la primera señal de vida de un corazón blanquiazul que no bombeó como otras veces. Hasta entonces no hubo rastro de nadie. Ni Amath. Ni Aarón. Ni Shibasaki. Ni Tyronne. Nadie fue capaz de probar cómo era el portero gaditano.
El equipo de Martí estuvo incómodo por la presión del Cádiz. Nada fuera del guión. Conocemos de sobra cómo son los equipos de Cervera y era de auténticos ilusos esperar una alfombra roja para que el Tenerife desplegase su juego habitual. Si al hecho del acierto del estilo del rival añades el desacierto blanquiazul con la pelota, especialmente de Vitolo y Aitor Sanz, y que nadie, salvo Shibasaki en un par de ocasiones, fue capaz de aportar nada bueno hacia adelante, te encuentras con un panorama tan desolador y pobre como el que presenciamos en el Carranza.
Quedan 90 minutos. Un mundo por delante. Y el 1-0 nos vale (aunque habría que pasar por la prórroga). Es cierto que Cervera ya ha escrito el guión de la película que más le gusta y que debe estar relamiéndose ante la perspectiva de un Tenerife que debe marcar sí o sí. El Cádiz jugará como sabe. Apretar, robar y salir rápido. Si encuentran un gol en la isla, las opciones de seguir adelante en la eliminatoria serán muy escasas. Haría falta un 3-1 para pasar de ronda. Y ese resultado, viendo lo visto, son palabras mayúsculas.
Pero aún no está todo dicho. No vamos a bajar ahora los brazos después de haber remado desde agosto para llegar hasta aquí. No sin pelear. Sin intentarlo. Sin que el Cádiz tenga que sudar tinta china si quiere superarnos. Los amarillos han tenido la oportunidad de enterrarnos y no lo han hecho. Aprovechémoslo. Empujando entre todos sin desmayo se puede conseguir. Juntos. Sin desfallecer ni un minuto. El domingo seamos uno. Unidos. Sin temor a la meta final. Vamos a dejarnos el alma en el Heliodoro porque, aún, estamos vivos.