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Posverdad tinerfeña

por @juanjo_ramos

Es difícil explicar lo que sentimos los 8.000 que no hemos fallado en el Estadio cuando peor se ponían las cosas. Aquellos que, salvo por imperativo económico, laboral o de salud, han estado ahí en las duras para ahora disfrutar de las maduras. Esos que no regatean un cántico, un grito o un aplauso, que saben perdonar un mal día y hasta una decepción. O varias. Somos los más felices. No digo los mejores para que nadie se sienta ofendido, pero sí los más felices.

Otros, con toda la libertad del mundo, decidieron ausentarse hasta que vinieran tiempos mejores. Y han llegado esos tiempos. Por eso, en el Heliodoro se ha visto en los últimos partidos hasta a aquellos que prometieron no volver hasta que se fuera Miguel Concepción. Pero da igual. No hay rencor ni mirada por encima del hombro. No cabe. Porque todos, entendiendo que lo mejor es ir o dejar de hacerlo, somos del Tenerife. Y todos, menos unos pocos interesados que ahora callan o lanzan elogios con la boca pequeña, quieren ver a su equipo en Primera.
Quedan atrás las discrepancias, los debates y las trifulcas tuiteras. No hay discusión ahora sobre la valía de José Luis Martí o Alfonso Serrano. Han llevado al conjunto blanquiazul hasta el play off. Por encima de sus posibilidades presupuestarias, pero a la altura de nuestras ilusiones. Se han ganado un crédito innegable. Por eso, sigo sin entender que se vea justa la renovación de uno y no la del otro.
Que seamos tan orgullosos como para no reconocer que el que lo hizo mal (o no tan bien) en fechas pretéritas ha conseguido ahora mejorar sus calificaciones y colocarlas en el sobresaliente. Y con cuatro exámenes por delante para convertirlas en una matrícula de honor.

Sí, señores. Martí, el del once sin definir o las suplencias increíbles de Aitor Sanz o Jorge (por ejemplo) durante un tramo de la competición. El de los cambios raros, el que no termina de soltarse… Ese merece nuestros respetos. Las críticas puntuales quedan atrás. Se lo ha ganado. Es el entrenador que nos ha llevado al play off. Sí, señores. Serrano, el que un año trajo a Ruso García y a Jacobo. El que esta misma temporada no acertó con Álex García o Crosas (todos los hubiéramos fichado en verano) es el que ha sumado a Dani Hernández, Camille, Gaku, Aarón, Amath, Tyronne o Choco al proyecto. No les neguemos lo que se han ganado. No seamos orgullosos.
Dicen que vivimos en la época de la posverdad o mentira emotiva, que describe “la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. Vamos, que nos cuesta (o no queremos directamente) despegarnos de lo que una vez creímos aunque se demuestre inexacto o incierto. Y Tenerife es, desde luego, un ejemplo.

Por eso, hay que aparcar los debates. Nos preparamos para vivir dos semanas (ojalá que sean dos) mágicas. En las que no caben las diferencias ni las quejas. Toca empujar con todo para lograr el objetivo. Y deberíamos disfrutar del camino. Que estos cuatro partidos suframos por lo que pasa en el campo. No por tener razón.