por @juanjo_ramos
No hay discusión. Aquella noche en Gelsenkirchen fue la más importante en la historia del CD Tenerife. Partido de vuelta de las semifinales de la Copa de la UEFA. Nunca el equipo blanquiazul había llegado tan lejos. Ahí se paró el sueño. En una aciaga prórroga, Wilmots truncó la posibilidad de pelear por el título europeo. Pero aquellos jugadores, dirigidos por el alemán Jupp Heynckes, forman parte ya de una página de oro en la trayectoria blanquiazul. Son leyendas.
Por eso, esperaba más del club ahora que se cumplen 20 años de semejante gesta. En otros lares, el homenaje hubiera empezado con una acción conmemorativa en las equipaciones de esta temporada. Y por estas fechas, hubiéramos tenido noticia de actos para recordar aquellos días en los que el nombre de la Isla sonaba con fuerza en todo el continente.
Había muchas posibilidades. Esperaba la visita al Heliodoro de aquellos héroes, empezando por el entrenador y siguiendo por los componentes de la plantilla de la temporada 96-97. ¿Se imaginan poder aplaudirles? ¿Verles sobre el césped en el que nos hicieron soñar? Me motivaban unas charlas de algunos de los protagonistas, de los periodistas que siguieron aquella UEFA. Incluso, el visionado de los diez partidos de aquella campaña.
No hablo ya de la elaboración de un documental estilo “Informe Robinson” sobre una hazaña de la que pueden presumir pocos equipos. Ni de una exposición fotográfica con imágenes de la época. Ni siquiera de la celebración de un encuentro amistoso en el Heliodoro contra uno de los rivales de aquella edición de la competición europea. Igual era mucho pedir el Lazio o el Schalke. Pero no parecían tan díficiles el Feyenoord, el Maccabi o el Brondby si se sabía elegir bien la fecha.
Son detalles. Lo sé. No es lo más importante en este momento. Entiendo que el club se centre en llenar el estadio y ponga todo su empeño en empujar hacia la Primera División. Al fin y al cabo, es lo que deseamos todos. Pero el que no respeta su historia no tiene identidad. El que no mira al pasado con orgullo no sabe hasta dónde puede elevar sus objetivos. Al Tenerife (¡Ojalá me sorprenda en las próximas fechas!) le ha podido el presente, la urgencia, el día a día. Le ha faltado previsión. Seguro que a ellos, de haberle dado importancia a la efeméride, se le hubieran ocurrido ideas mejores que las mías. Y todos hubiéramos disfrutado juntos, sintiéndonos orgullosos de las cotas que un día alcanzó nuestro equipo.