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Salirse de la línea

Por @beatrizpalmero

De verdad que me resulta muy cansino esta tendencia a los extremos que tenemos este país. Y cada vez me doy más cuenta de que en ningún otro sitio sería tan probable una Guerra Civil como en este. Y, tras haberla vivido, a pesar de todo lo que nos contaron nuestros abuelos, aquí seguimos, empoltronados en el “y tú más”. Y así asisto un poco con desgana a ver quién tiene una guagua más molona, a ver quién dice en el Parlamento más palabras malsonantes o a ver a quién le favorecen con la equivocación arbitral más flagrante.

Y así todos los días. Ya casi uno no puede poner un comentario en Twitter sin que un troll radicalizado me diga “pues tú más”. El mismo sábado, tras el partido del Girona, varios seguidores rojiblancos me compararon la ayuda arbitral con la que recibe el Real Madrid, o puso en el mismo nivel el feo gesto de Sandaza hacia la grada (que no sé que tendría que ver con la roja que sacó el Díaz de Mera a su compañero Maffeo) y  los cánticos de la afición para recibir al Girona en el Heliodoro. Pues digo yo que ni el Tenerife es el Madrid ni podemos comparar a un jugador profesional con aficionaditos de a pie, que a estos no les pagan por llevar un escudo, más bien al revés.

En fin, que estoy en una época zen en la que me alejo de discusiones estériles en las que se defiende lo propio sin más razón que la sinrazón, sin argumentos, sólo con insultos y con el “y tú más”… A veces me pregunto si realmente creemos en la democracia si no somos capaces ni de practicarla en la conversación más banal. Y, créanme, es un ejercicio muy sano ir al Estadio, disfrutar con tu equipo, ver como tu corazón se pone a mil con los nervios y al acabar irse a casa feliz como una perdiz o cabreado como un gorila, pero sin tener que agotarse en el absurdo ejercicio dialéctico de defender a ultranza algo indefendible sólo porque estoy alineado con unos colores, un partido o lo que sea. Y digo alinearse, por no decir alienarse, que, cada vez más, parece lo mismo.

Yo no me alineo, yo siento y razono. Y reconozco los errores propios y los aciertos ajenos. Y es un ejercicio muy sano. Inténtenlo.